Adam Michnik: “El franquismo es el modelo que siguen en Polonia los hermanos Kaczinsky”

San Sebastián, 12 de julio de 2007. La esencia de la caza de brujas impulsada por el gobierno polaco consiste ante todo en la lucha por el poder, según el panel de periodistas y políticos centroeuropeos convocados en la Escuela de Verano de la Universidad del País Vasco por la Asociación de Periodistas Europeos con el patrocinio de La Caixa, quienes también concluyeron que sería positivo que la ciudadanía checa recuperara el espíritu de concordia de la transición política plasmada en la Carta 77 que cumple ahora 30 años.

Bajo el título “República Checa y Polonia: la Carta 77 y la caza de brujas”, la cuarta jornada del Seminario sobre Europa Central puso en contraste el 30 aniversario de la Carta 77, una declaración que condenaba la violación de los derechos humanos en la antigua Checoslovaquia y que aportó un ambiente de comprensión, diálogo y solidaridad, con el proceso que se vive actualmente en Polonia, donde el partido de los gemelos Kaczinsky lleva a cabo una purga de antiguos cooperantes con el régimen comunista.

Adam Michnik, Director del diario “Gazeta Wiborcza”, abrió el debate destacando que el gobierno polaco ha convertido la verificación de las biografías en el tema principal de la vida pública con el objetivo de “acabar con los enemigos políticos”. Comparó este proceso con “una guerra constante” que para alimentarse necesita de “un enemigo constante” y cuya verdadera esencia es “la lucha por el poder”.

Para Michnik, con esta verificación que “golpea a todos aquellos que se arriesgaron y se opusieron al régimen” el gobierno se propone “reescribir la historia de Polonia” basándose en los archivos de la policía secreta del régimen comunista, cuyo acceso es monopolio del Estado y que pretende convertir en el banco de la verdad. Asimismo, el sentido de la verificación es también acelerar y garantizar “un cambio generacional” en todas las esferas del poder.

El periodista polaco destacó que los hermanos Kaczinsky se han inspirado en el modelo del franquismo al aplicar la verificación de las biografías a la jerarquía eclesiástica, “hasta ahora fuera de toda su sospecha”. La iglesia “era un instrumento en manos del franquismo” y en Polonia, donde el catolicismo es necesario “como una especie de traje adorno”, para ejercer totalmente el poder el gobierno “tiene que tener el control total de la iglesia” mediante la amenaza de la verificación del pasado.

Para el director del semanario polaco “The Warsow Voice”, Andrzej Jonas, la verificación de las biografías “no es mas que una parte de la caza de brujas” que se observa en distintas esferas con la que el poder trata de construir diferentes instituciones “con el fin de que nadie en ningún momento se sienta seguro”. El objetivo de este proceso, situado entre “la Santa Inquisición y el maccarthismo”, es restar prestigio en el marco de la conciencia social con el objetivo de alcanzar un “poder máximo y no controlado”. Según Jonas, la verificación es una “utopía perjudicial basada en una idea irrealizable”, en la que no hay criterios fijo para la sospecha y en la que “no se es enemigo de por si, sino que hay que ser nombrado enemigo”.

Michnik añadió que todo este proceso va acompañado de una política “que copia las campañas bolcheviques y nazis”, cuya filosofía es transportada a la Unión Europea por el gobierno polaco, que se comporta en las instituciones europeas “como si fueran el parlamento polaco”. Para concluir, afirmó que esta corriente antidemocrática surgida en Polonia cuenta con un importante respaldo del 30 por ciento de la población.

Por parte checa, el ex ministro de asuntos exteriores y firmante de la carta Jiri Dienstbier recordó que la Carta 77 no fue más que “la punta del iceberg” de un “movimiento plural y de formas muy diversas”, una organización filosófica más que política, un centro de cultura independiente visto desde occidente como “un modelo de cultura política” y que desde su comienzo pretendía “una colaboración paneuropea”.

Sobre la situación actual que afronta la República Checa, Dienstbier cree que tras la división de Checoslovaquia, que contaba con “una sociedad multiétnica y multicultural”, la concepción de la legalidad y de la democracia “se vio reemplazada por el nacionalismo”, que condujo a tesis tan absurdas como que la República Checa “se había desplazado hacia occidente”. A pesar de que tras la caída del régimen comunista se desarrollo en el país “una ley de la lustración”, aún sigue vigente y no hay semana en la que “se publique sin pruebas los nombres de presuntos colaboradores con la seguridad del antiguo régimen”. El ex ministro checo finalizó su intervención aludiendo a la recuperación del espíritu de la Carta 77.

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