Anciones por “Cándido”

El frescor el toque de gracia de Onésimo Anciones estaba, creo yo, en la perplejidad, propia seguramente de su carácter ejemplarmente infantil. Con su voz como el roncón de la gaita preguntaba con la penetración natural de un niño y sabía encontrar el ¡ah! de las cosas. Siempre recordaré el movimiento, ínsito en el escorzo, de sus dibujos taurinos cuando los publicaba en “El País” ilustrando las crónicas de Joaquín Vidal. En la escultura introducía la danza, la danza de los bailarines trágicos; en el espacio, el tiempo.

En la sede de la Asociación de Periodistas Europeos tenemos el lienzo inacabado de Anciones de la voladura del diario “Madrid”. El edificio salta por los aires y las figuras de algunos de sus redactores – Cuco Cerecedo entre ellos, y Nativel, y Miguel Ángel Aguilar – miran hacia fuera del lienzo, hacia un tiempo de esperanza, aunque desconocido, porque estaba por llegar. Como el cuadro está inacabado y lo estará ya por siempre y esa es su perfección, el diario “Madrid” salta por los aires incesantemente, no acabará nunca de derrumbarse como castigo de quienes atentaron contra la libertad. Será su infierno. Anciones lo pintó.