En memoria de Mário Soares, el gran democratizador.

Mario Soares pasará a la historia como el político que más contribuyó a estabilizar la democracia en Portugal después de cerca de medio siglo de dictadura y casi un lustro de vaivenes militaristas y revolucionarios. Pocas biografías políticas se muestran tan ricas como la suya: fundador del Partido Socialista que ha gobernado en varias legislaturas – incluida la actual –, primer ministro y presidente de la República son los capítulos más destacados de su trayectoria como gobernante, como intelectual y como líder con una influencia internacional que le situó entre los grandes del Socialismo en su época dorada.

Pero al recordar su legado, hay mucho más. Su actuación inteligente y ponderada fue crucial para que su país consiguiese la estabilidad interna, la normalización internacional y la recuperación de una economía a la que el Salazarismo había condenado a la pobreza. Soares en su etapa de ministro de los Negocios Extranjeros de un Gobierno sin rumbo claro fue crucial para poner fin a las guerras coloniales y a que consiguieran la independencia Guinea Bissau, Cabo Verde, Angola, Mozambique, Santo Tomé y Timor,así como para la integración de Portugal en la Unión Europea.

España y la democracia que disfrutamos los españoles también le deben un reconocimiento. Para empezar, Mario Soares fue uno de los políticos portugueses que más simpatía y afecto manifestó siempre por nuestro país. “Yo soy un portugués que ama a España, me identifico con su Cultura y soy admirador de su arte y su literatura”. “No soy – recuerdo que me decía un día – de los que opinan que de España no llega nada bueno a Portugal”.

Mário Soares en el XV Foro Eurolatinoamericano celebrado en 2009

 

Y lo demostró dando un impulso vital a las relaciones peninsulares que desde entonces son excelentes. Aunque en los primeros tiempos mostraba mayor afinidad con el PSP de Tierno Galván, influyó tanto sobre el profesor como sobre RaulMorodo para que se fusionasen con el PSOE de Felipe González y Alfonso Guerra. Menos conocido fue su respaldo muy importante a la Transición española. El primer viaje a Adolfo Suárez, en aquellos días en que su nombramiento era considerado por muchos un craso error, fue a Lisboa. Y no sólo se trataba de una visita de cortesía.

Soares erael primer líder socialista que recibía a quien todo el mundo veía aún como heredero político de Franco. Fue una visita que encerró una importancia extraordinaria. Después de la recepción oficial y de las reuniones de una agenda con diversos asuntos, los dos jefes de Gobierno se reunieron a solas, sin intérpretes, Lo hablado en aquella hora y media de conversación no trascendió.

Apenas la sonrisa de Mario Soares al final dejaba entrever que había sido del mayor interés. Pasado el tiempo, Soaresme reveló en una conversación privada que Suárez le había anticipado sus planes democratizadores y le pidió su colaboración para hacer llegar a otros líderes de la Internacional Socialista como Brant, Miterrand, Craxi u Olof Palmer que los temores de que se perpetuase el franquismo que todos, empezando por los socialistas españoles sentían eran infundados.

 

Mário Soares y Antonio Tabucchi en el XV Seminario Luso-Español (2008)

Diego Carcedo

Presidente de la Asociación de Periodistas Europeos

En memoria de Imre Kertész

Entrevista realizada por José María Ridao a Imre Kertész con motivo de su participación en el XIV Seminario sobre Europa Central. Europa Central: la nueva frontera, que se celebró en San Sebastián  en el año 2002 y que fue organizado por la Asociación de Periodistas Europeos.

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Húngaro y judío. Dos características que han configurado la escritura y la forma de afrontar la vida de un autor descubierto en Occidente en la década de los noventa.Sobreviviente de los campos de concentración de Auschwitz y Buchenwald, el creador de Sin destino habla sobre su experiencia vital, la transformación social y política de Europa y su último libro en España, Yo, el otro.

Húngaro y judío. Dos características que han configurado la escritura y la forma de afrontar la vida de un autor descubierto en Occidente en la década de los noventa.Sobreviviente de los campos de concentración de Auschwitz y Buchenwald, el creador de Sin destino habla sobre su experiencia vital, la transformación social y política de Europa y su último libro en España, Yo, el otro.

El fin de los regímenes comunistas coincidió con el reconocimiento de la obra de Imre Kertész (Budapest, 1929) en Europa, como lo demuestra la sucesión de premios que empiezan a recibir sus libros en los noventa, así como el hecho de que sea a partir de entonces cuando se multiplican las traducciones. Novelista antes que memorialista por decisión deliberada, la obra de Kertész se nutre sin embargo de su experiencia como deportado y como ciudadano de un país europeo, Hungría, al que la guerra fría colocó contra su voluntad en la órbita del totalitarismo soviético.

PREGUNTA. Usted ha señalado en alguna ocasión que su literatura surge del hecho de sentirse extraño, al margen.

RESPUESTA. Sí, surge de mi condición de judío.

P. Uno de los personajes deKaddish por el hijo no nacido,la mujer del narrador, parece no saber en qué consiste su judaísmo. El propio narrador, en cambio, sostiene que su judaísmo no significa nada para él como concepto, aunque sí como experiencia. ¿Qué sentido concede a esa condición de judío que le empuja a escribir?

R. Los personajes del Kaddish representan dos polos en la interpretación del judaísmo. La diferencia entre ambos radica en que el hombre es un superviviente de Auschwitz, ha conocido en carne propia lo que sucedió en los campos, mientras que la mujer pertenece a la segunda generación. Los problemas de esta segunda generación son completamente distintos a los de la generación que padeció el Holocausto y, en consecuencia, la manera de entender el judaísmo, también. En la nueva novela que estoy escribiendo trato de abordar estos matices, desarrollo con más detenimiento lo que en el Kaddish está simplemente esbozado.

P. Es esa interpretación del judaísmo como experiencia, como memoria, lo que explicaría la frase de uno de sus personajes: ‘las palabras padre y Auschwitz producen en mí las mismas resonancias’.

R. En realidad, no sólo aludo con ello a una experiencia personal, sino también a una profunda experiencia centroeuropea. El culto al padre constituía en el pasado una de las premisas esenciales de la educación. Al hijo se le exigía respeto, acatamiento sin reservas de la autoridad, y todo ello sin apelar a ningún fundamento racional. De algún modo, este culto al padre, este hábito de la sumisión, fue lo que facilitó la deportación de tantas personas desde Hungría y otros países.

P. Se superponen la experiencia personal del narrador y la colectiva de los deportados.

R. Como novelista nunca he intentado otra cosa que construir un mundo propio, un mundo que de algún modo considero el auténtico. Y eso a través de una lengua que es, junto a la experiencia, la que me incita y me inspira. Ahora bien, observe esta paradoja: el Holocausto no tiene lengua. Cada superviviente lo rememora con las palabras de su propio idioma. Las consecuencias que se puedan extraer de esas historias concretas, su integración dentro de una experiencia humana más general, dependen así de la cultura en cuya lengua hayan aparecido estos recuerdos. Y de la manera en que esa cultura los acepta y los hace suyos. En Hungría, por ejemplo, el Holocausto no forma parte de la cultura ni de la memoria del país.

P. Es llamativo que, como dice, la experiencia de las víctimas no tuviera lengua y que, por el contrario, los verdugos se esforzasen por alcanzar la pureza de la suya, entre otros proyectos de ‘limpieza’.

R. Todavía hoy cabe preguntarse de qué manera la cultura europea ha hecho propia la experiencia de la existencia amenazada, que en Auschwitz se manifestó en su grado más absoluto, y que, por otro lado, es una experiencia que fue provocada por esa misma cultura europea.

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P. Y en el plano individual, ¿cómo lo ha hecho usted, qué diferencias observa entre la manera de interpretar lo que vivió antes y después de plasmarlo en un texto?

R. Nunca he redactado unas memorias. Y desde el momento en que decidí que escribiría novelas y no autobiografía, me vi obligado a seleccionar mis recuerdos. En este sentido, los utilizo como si fuesen cajones de un armario. Sólo abro los que resultan necesarios para la composición del relato. Claro que para ello es preciso colocar estos cajones en el congelador. Porque la novela es algo externo, objetivo; el escritor crea un mundo a través de la novela, no recompone su propia biografía.

P. ¿El recuerdo no se ve entonces transformado?

R. Empobrecido. Al escribir siento que pongo en liquidación una parte de mi memoria. Y sí, me siento algo más pobre.

P. ¿Más pobre, no más liberado, como han señalado otros autores con vivencias parecidas?

R. Si la novela me satisface, si creo haber hecho un buen trabajo, entonces sí. Porque se puede escribir sobre temas sombríos, pero es necesario hacerlo desde la búsqueda de un cierto gozo. En mi caso al menos, si encuentro esa frase que da carácter a una obra, incluso si se trata de una obra que refleja acontecimientos terribles, experimento un paradójico placer.

P. Volviendo a Europa y a la cultura europea, ¿cree que se podría hacer más para integrar en el proyecto común a los países que quedaron al otro lado del telón de acero, unos países que han sido considerados como parte de la Europa del Este, cuando hasta el final de la Segunda Guerra Mundial formaban parte de Centroeuropa?

R. Da la impresión de que las pequeñas naciones europeas se hubieran asustado de repente. No sé muy bien de qué, pero lo cierto es que prefieren cerrarse a lo que consideran influencias extranjeras en lugar de aceptar la ampliación.

P. Tal vez los destinatarios de la xenofobia no sean sólo los africanos o los magrebíes, sino también algunos europeos.

R. El fenómeno al que me refiero existía en forma latente hace más de un año, antes del 11 de septiembre. Quizá pudiera percibirse, por ejemplo, en las manifestaciones contra la globalización. Hasta ahora no veo claro cuáles eran las razones de estas protestas, cuáles eran sus causas. Al mismo tiempo, y como ciudadano que ha vivido bajo un régimen comunista, me sorprendía el hecho de que algunos de los eslóganes pareciesen recuperados del viejo poder soviético. Primero se lanzaban consignas contra la globalización, a continuación se escuchaban críticas contra Estados Unidos y, para terminar, se tomaba posición contra Israel. Es verdad que la izquierda europea ha hecho un esfuerzo sincero de renovación, pero en ocasiones mantiene elementos que evocan el pasado y provocan cierta inquietud.

P. ¿Cómo explica que, por el otro lado, parezca observarse una cierta condescendencia con el pasado nazi entre los movimientos populistas y de ultraderecha?

R. Ambos fenómenos estarían relacionados. Hasta ahora, la democracia liberal esperaba y recibía a todos con los brazos abiertos, tanto a las personas como a las ideas. De pronto se descubre, sin embargo, que la población autóctona no ve con agrado al extranjero. En cualquier caso, tenga en cuenta que los términos clásicos de derecha e izquierda no significan lo mismo para ustedes que en los países de la antigua órbita soviética. Cuando el gobierno comunista fue derrotado en Hungría, llegó al poder el partido socialista. Los que allí pueden considerarse como populistas acusan a los socialdemócratas de estar al servicio del capital internacional.

P. Es decir, que el fantasma de la inmigración se convierte allí en el fantasma del capital internacional.

R. Sí, porque los populistas no comprenden el significado de la Europa unida, y tratan de fomentar temores que les favorezcan. Aun así, una encuesta reciente señalaba que el 84% de los húngaros es partidario de la integración.

P. ¿Y qué esperan de ella?

R. Una mejora económica. Y, además, que se ponga fin al temor que surge de la exclusión, de la soledad.

P. Hablaba de las críticas a Israel. ¿Piensa que, como se ha dicho desde algunos medios norteamericanos, existe en Europa un nuevo sentimiento antisemita?

R. Hablar de forma superficial acerca de estos asuntos es casi un pecado. Mi opinión es que, en algunos casos, la crítica contra Israel es el nuevo lenguaje del antisemitismo, y no porque no se pueda criticar lo que Israel hace.

P. ¿Cómo podría resolverse esa aparente contradicción?

R. Analizando con precaución qué es lo que hay detrás de las críticas hacia Israel y qué es lo que significaría su desaparición.

P. Pero lo que la mayor parte de los intelectuales europeos ha juzgado son sus acciones, no su fundamento. Y algunas de sus recientes acciones resultan condenables.

R. El problema es que son muy pocos los que contemplan sólo la acción, los que dirigen su crítica sólo hacia la acción. Eso sería lo necesario; en eso consistiría la observación racional del mundo. Las grandes tragedias se han producido cuando las decisiones se han adoptado a partir de un juicio colectivo. El Holocausto empieza así, a partir de un juicio colectivo.

P. El antisemitismo se ha disfrazado tras la crítica a Israel y, junto a ello, el racismo y la xenofobia han encontrado un terreno abonado en el tratamiento que se le está dando al islam. El fanatismo de un grupo terrorista se extiende a todos los árabes, sean musulmanes o no. Se trata del mismo fenómeno.

R. En efecto, el problema consiste en desenmascarar ese prejuicio, en dirigir una vez más la mirada hacia los individuos y no hacia las colectividades, hacia los grupos. Se trata de la actitud opuesta a la que mantienen los populistas. Gran parte de las tensiones que generan en torno a la inmigración procede de interpretar como rasgos propios de un grupo lo que no son más que acciones individuales.

P. Tal vez esa mirada hacia los individuos resumía la lección que extrajo Europa de las dos guerras mundiales. Pero Europa parece estar cambiando.

R. Eso es lo que abordo en Yo, el otro, la novela que aparece ahora en España. La sitúo en la época de transición que se vivió en los noventa, tras la caída del comunismo, y trato de reflexionar sobre los fenómenos que tuvieron lugar entonces, en Budapest, en Berlín, en otros lugares del mundo. Fue una forma de vida lo que cambió, no sólo unos regímenes políticos. También para mí cambiaron muchas cosas. De ser un escritor marginal, me convertí en un escritor conocido. Como si de pronto hubiese traspasado un umbral.

En memoria de Ignacio Rupérez

Carlos Luis Álvarez, "Cándido", e Ignacio Ruperez en un almuerzo en la sede de la APE en 2004

Carlos Luis Álvarez, “Cándido”, e Ignacio Ruperez en un almuerzo en la sede de la APE en 2004

Ignacio Rupérez, el diplomático que superó el terror en que le tocó ejercer una parte de su carrera, falleció en la noche del jueves, tal y como si hubiese querido aprovechar los momentos más adecuados y despreocupados del año para mantener hasta el final la discreción y el rechazo del protagonismo que se había ganado representando a España en Irak en los peores años. (Era hermano del político y diplomático Javier Rupérez que, a juicio de un amigo de ambos eclipsaba su imagen) La trayectoria de Ignacio estuvo presidida siempre por el trabajo, la responsabilidad y el desinterés por brillar incluso cuando su nombre era mencionado con admiración ante el riesgo que estaba asumiendo.

Su ejecutoria diplomática fue larga y siempre tan eficaz como rutinaria durante largos periodos en que la ejerció en puestos secundarios en diferentes países. Fue embajador en Honduras donde desarrolló un interesante trabajo el pro de la normalización democrática del país durante la crisis generada por el golpe de Estado – el último en Latinoamérica — que en 2009 derrocó al presidente Manuel Zelaya. Antes había sido vicepresidente del Consejo Hispano-norteamericano y desde 2005 hasta 2008, embajador en Irak.

Hacía catorce años que España mantenía cerrada su embajada en Bagdad y le tocó a Ignacio Rupérez reabrirla partiendo de cero, en medio de múltiples dificultades y sobre todo de peligros físicos, cuando la invasión norteamericana puso fin al régimen de Sadam Hussein. Era el puesto menos deseado de la carrera y Rupérez lo desempeñó durante tres años expuesto de forma permanente a los peligros de una situación marcada por la violencia terrorista que tenía la vista puesta en los extranjeros y de manera especial los diplomáticos.

“Era poco lo que podía hacer”, me comentaba en cierta ocasión lamentando la imposibilidad de encontrar interlocutores en medio de la confusión política e incluso de salir a la calle sin garantía alguna de regresar con vida. Prácticamente vivía encerrado en la zona de Bagdad, protegida por las tropas estadounidenses y bajo normas de seguridad estrictas, en la que se hallaban las embajadas. Además de diplomático era licenciado en Derecho y en Periodismo, una profesión que siempre le apasionó y en la que hizo aportaciones interesantes para conocer mejor los problemas internacionales. Fue un ejemplar miembro activo de la Asociación de Periodistas Europeos (APE).

Tenía una excelente capacidad para analizar las situaciones complejas de la política exterior y lo demostraba en los frecuentes artículos que publicaba en diferentes publicaciones. Sobre Irak, en aquellos años de plomo que aún no han terminado, pocos expertos acumulaban tanto conocimiento de la situación y nadie como él – las hemerotecas lo reflejan – anticipó con tanta antelación y precisión la evolución que seguiría el país en el intento frustrado hasta ahora de restablecer la normalidad.

“Es una pena que no se haya arbitrado una solución pre democrática bien pensada – comentaba recientemente – antes de la invasión. Sadam era un dictador cruel e impresentable, pero la invasión — además de ser justificada con acusaciones falsas – se llevó a cabo sin tener previstas alternativas ni pensar en el después. El país es excelente y la gente muy capacitada, pero de la realidad actual lleva a pensar que aquello no tiene arreglo y la división en tres, inevitable a medio plazo”.

Diego Carcedo

Presidente de la Asociación de Periodistas Europeos

En memoria de Carlos Humanes

Carlos Humanes en el XXIV Seminario sobre Seguridad y Defensa (2012)

Carlos Humanes en el XXIV Seminario sobre Seguridad y Defensa

Carlos Humanes, fundador y director de ElBoletin.com, falleció este viernes en Madrid a los 61 años de edad, rodeado de su familia y tras una larga enfermedad que se agravó en los últimos días.

Descubrió su vocación por la información económica en la década de los setenta, cuando trabajaba como operador bursátil para la Confederación Española de Cajas de Ahorros. En 1977 empezó su carrera periodística en El País donde permaneció hasta 1984 como responsable de las páginas financieras. Ese mismo año y tras abandonar el diario de Prisa fichó por La Gaceta del Norte, rotativo vasco al que llegó como director con solo 30 años en una época especialmente convulsa.

En 1986 regresó a Madrid para dirigir varias publicaciones de carácter económico en el Grupo 16. Crea y dirige el Boletín de Bolsa 16 y el semanario Inversión y se incorpora al equipo de dirección editorial del grupo. De 1986 a 1997 trabajó en Antena de la Bolsa, programa radiofónico diario en Antena 3 Radio.

En los años noventa mantuvo una colaboración semanal con el Canal 24 Horas de TVE como editor del programa Noticias y Mercados, edición América, que se emitía por el Canal Internacional. Asimismo, trabajó en Telecinco en el espacio Noticias y Negocios.

En 1992 se independiza y funda, en solitario, el único vespertino que se editaba en Madrid, EL BOLETíN, una publicación de pequeño formato que se dirigía a los sectores políticos y financieros de la capital. En 1995 se convirtió en director de El Economista, la publicación especializada en economía más antigua de España.

Alrededor de estas dos publicaciones se creó el grupo editorial Asertós, que fue creciendo con la incorporación de Cuba Económica en 1998 y Americaeconomica.com en 1999.

Años después y con la revolución digital, El Boletín de la Tarde se convirtió en el actual ElBoletin.com. Carlos Humanes formaba parte del Consejor Director de la Asociación de Periodistas Europeos.

CARLOS HUMANES

Este fin de semana ninguna persona que haya trabajado o simplemente tratado a Carlos Humanos podrá disfrutar del ambiente soleado y para muchos relajante que nos está brindando la meteorología en las vísperas del invierno. Hay algo a la hora de pergeñar estas reflexiones que se resiste a saltar a la pantalla. Los dedos se enredan en el teclado del ordenador al intentar escribir que Carlos Humanes, ya no está con nosotros, alentándonos con su sonrisa habitual y poniéndonos al alcance de su cordialidad la respuesta a la duda más variada, la sugerencia más acertada y la opinión documentada que tan difícil resultaba no compartir.

En la Asociación de Periodistas Europeos estamos de luto. Carlos Humanes ha muerto. Confieso que los rodeos para escribir la noticia, así, para mitigar el impacto entre sus compañeros y amigos, que éramos muchos, y muy incondicionales, no por rebuscados me salen desde el aturdimiento que me ofusca; un aturdimiento que nos deja en silencio minutos y minutos, evocando tanto como el recuerdo de Carlos Humanes se agolpa en nuestras mentes. Y no porque tan triste noticia no fuese esperada como irremediable desde hace algún tiempo. Carlos Humanes padecía una cruel dolencia que le mantuvo ausente varios meses y ya veníamos sufriendo con su dolor y lamentando su ausencia.

Pero ausente estaba sólo físicamente. Desde la reducida movilidad a la que le había condenado la enfermedad, seguía al tanto de cuanto ocurría en el mundo y en España, en la política y particularmente en la economía. Sabía la gravedad del mal que le aquejaba, pero eso no le frenaba a seguir trabajando con la inteligencia, la sensibilidad periodística y el rigor profesional que tanto prestigio le habían proporcionado lo mismo entre los compañeros de profesión que entre los protagonistas de los hechos y análisis que brindaba a sus lectores o espectadores.

La economía era su especialidad y su pasión; dominaba sus fundamentos, sus evoluciones, sus avatares – desde el marcado de valores hasta los movimientos empresariales –, y lo reflejaba con el máximo rigor, independencia y claridad diáfana; una claridad que nos permitía a todos conocer y comprender cuestiones del siempre intrincado mundo de la economía y las finanzas que con frecuencia nos superaban. Dirigió periódicos y, respondiendo a su interés por el emprendimiento, en varias ocasiones puso en marcha iniciativas empresariales que crearon puestos de trabajo y medios de información como EL BOLETIN que nos deja huérfanos pero como herencia a sus lectores.

Carlos Humanes era un gran compañero, un excelente miembro del Consejo Ejecutivo de la APE, un profesional admirable, pero sobre todo, en estos momentos de dolor por su pérdida, lo primero que sus amigos recordamos es que era una buena persona; una excelente persona, generosa, comprensiva y leal a la amistad, un valor que para él que siempre se imponía a las estadísticas, las cifras y los porcentajes que con tanta precisión manejaba. Ahora que no está para llamarle por teléfono y escuchar su opinión o comentar la actualidad, a veces de una manera egoísta de evadirnos de los problemas propios gracias a su buen humor, a sus sentencias clarividentes y a su proverbial optimismo, quizás mejor que darles rienda a las lágrimas en la APE, que era una de sus casas, sea rendirle homenaje a su memoria que estamos preparando.

Diego Carcedo

 

 

Despedida en los medios

– Carlos Humanes, referente del periodismo bursátil

– Ha muerto Carlitos Humanes – El Mundo

– Muere Carlos Humanes, un grande del periodismo económico español – El País
– A Carlos Humanes – Prnoticias

– El periodista económico Carlos Humanes fallece a los 61 años – Ecoteuve

– Fallece el periodista Carlos Humanes, fundador y director de Elboletin.com – Republica

– Fallece Carlos Humanes, fundador y director de Elboletin.com – El Boletín

– Hasta siempre, maestro – El Boletín

– Carlos Humanes – El Boletín

– Muere Carlos Humanes, un grande del periodismo económico español – eldia.es

– Muere Carlos Humanes: biografía del fundador y director de Elboletin.com – Madridesnoticia.es

– Muere el periodista Carlos Humanes – Teinteresa.es

– Un especialista en información económica – Deia

– Muere el periodista Carlos Humanes – Servimedia

– Las malas personas no pueden ser periodistas – Diario de Burgos, La Tribuna de Albacete, El día de Valladolid, El Diario de Ávila, La Tribuna de Toledo, La Tribuna de Talavera, La Tribuna de Ciudad Real, Diario Palentino

En memoria de Walter Haubrich

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Walter Haubrich, testigo comprometido con la libertad.

Sus 33 años como corresponsal en Madrid del ‘Frankfurter Allgemeine Zeitung’ le dieron una perspectiva única de la política y la sociedad españolas.

En septiembre de 2010 celebraba el Goethe-Institut a Walter Haubrich por sus diez libros, sus 40 años de corresponsal en Madrid del Frankfurter Allgemeine Zeitung (FAZ), sus 50 años viviendo en España e Iberoamérica y sus 7.500 artículos. Le elogiaron el expresidente del Gobierno Felipe González, el expresidente del Parlamento Europeo Enrique Barón y el veterano colega y compatriota Carsten Moser. Fue una buena ocasión para rememorar su comportamiento en tiempos del franquismo, que negaba la libertad de prensa, primero mediante una ley de 1938 que la reducía a una institución al servicio de la propaganda del Estado nacional sindicalista; luego por la Ley Fraga de 1966, donde las proclamaciones de libertad iban seguidas de sanciones disuasivas para quienes intentaran ejercerla.

Se celebraba a Walter Haubrich (fallecido ayer en Madrid a los 79 años), en su condición de testigo comprometido a favor de la recuperación de la democracia. Había sido una figura destacada junto a otra media docena de corresponsales capaces de emplazar al mismo dictador. Porque ese Franco que en el preámbulo de la Ley de Principios del Movimiento de 1958 se decía consciente de su responsabilidad ante Dios y ante la Historia, también lo era ante la prensa extranjera. Esa era la única instancia ante la que se sentía obligado, la única desde la que se le podían pedir cuentas. Así sucedía desde los primeros momentos de la Guerra Civil y luego a través de todos los años inacabables del Régimen. Las críticas publicadas en la prensa extranjera bajo cabeceras como el Frankfurter Allgemeine Zeitung, encendían la indignación de los jerarcas franquistas que enseguida hablaban de las campañas insidiosas contra España resultado de la conspiración judeo masónico bolchevique.

Las actividades de las fuerzas políticas de oposición, silenciadas en España, solo podían aspirar al eco en las capitales extranjeras. Cuando se lograba, el régimen bramaba pero además los protagonistas de esas acciones encarecían el precio que supondría su detención y adquirían la condición de “no torturables”. Porque la presencia de periodistas extranjeros en un lugar determinado bloquea la comisión de excesos por las fuerzas policiales de los regímenes autoritarios.

Los periodistas españoles merecedores de ser considerados como tales, comprometidos con el advenimiento de las libertades y legítimos adversarios del régimen, buscaban ansiosamente por ejemplo a Haubrich para informarle y ganar así visibilidad internacional, la única que erosionaba al sistema y otorgaba prestigio. Así se establecía una activa simbiosis entre los nativos y los corresponsales más conscientes que se hacían responsables y ayudaban de manera decisiva a la causa de la libertad.

Ellos asumían riesgos porque debían aguantar las presiones sobre el terreno, las campañas de difamación, las expulsiones y las gestiones insidiosas de los embajadores de Franco ante las redacciones de sus medios. Las cartas de Ricardo de la Cierva, director general de Cultura Popular con Fraga en el ministerio de Información y Turismo, a la redacción de Fráncfort son un buen ejemplo de los intentos de que Haubrich fuera relevado.

En noviembre de 2001, al recibir el Premio Francisco Cerecedo de la Asociación de Periodistas Europeos en su XVIII edición. Haubrich se dijo preocupado por el número cada vez mayor de periodistas que solo conocen la realidad de la que deben informar por la pantalla de la televisión o los ordenadores porque la falta de testigos oculares hace cada vez más fácil la manipulación. El entonces Príncipe de Asturias, Felipe de Borbón, al entregárselo expresó el reconocimiento a Haubrich por la labor informativa que desarrolló en condiciones difíciles cuando el compromiso con los valores democráticos suponía asumir riesgos. También, en su libro de memorias, Atando cabos, Raúl Morodo deja constancia de la gratitud debida al que ahora nos deja.

Miguel Ángel Aguilar.

Walter Haubrich, testigo y cronista, por Enrique Barón en El Huffington Post

Cuando mencioné el nombre de Haubrich en el Parlamento Europeo, un consejero mío alemán me dijo que los artículos de Walter en el Frankfurter Allgemeine Zeitung (FAZ) habían sido decisivos para su tesis doctoral sobre el tardofranquismo. En efecto, Walter era una autoridad respetada no solo en el mundo periodístico hispanogermano sino también en el ámbito universitario. Pertenecía a la gran generación de corresponsales internacionales que jugó un admirable papel de información rigurosa y a la vez de apoyo activo a la transición democrática en España.

Conocí a Walter Haubrich en Valladolid en 1967. Él era lector de alemán en la Universidad, yo un joven profesor de Economía. Nos reuníamos en el Colegio mayor Santa Cruz, donde con un grupo de Profesores universitarios tratábamos de poner en común en conspirativas comidas información sobre la actualidad y la lucha contra la dictadura. Desde entonces, nuestra amistad continuó a través de una etapa decisiva de las historias de España, Portugal, Alemania y Europa, en la que sus crónicas adquirieron el rango de fuentes de autoridad. En el terreno personal, siempre le estaré agradecido por ser el amigo común que me presentó a mi esposa, la pintora Sofía Gandarias.

Pero la personalidad de Walter no se circunscribía a Europa. Su labor periodística y cultural tuvo una importantísima dimensión iberoamericana. Viajero incansable por el continente, fue testigo y cronista de su evolución desde las dictaduras a las democracias. Su relato no se circunscribió a lo político, fue un descubridor fundamental de la gran narrativa latinoamericana del realismo mágico para el público alemán. Sus recensiones en el suplemento cultural del FAZ, hicieron de él un referente para el mundo iberoamericano equivalente a Marcel Reich-Ranicki, autoridad indiscutida de la crítica literaria en Alemania.

Guardo con afecto el recuerdo del homenaje el Goethe Institut organizado por Margareta Hauschil que le dedicamos un grupo de amigos en su 75 cumpleaños. Felipe González, Miguel Angel Aguilar y Carsten Moser entre otros pudimos expresarle nuestra admiración y nuestra amistad. Con su hijo Miguel, destacado europeísta, continúo su tarea de tender puentes de comprensión y solidaridad entre europeos en un destino común.

Walter Haubrich durante su discurso al recibir el Premio Cerecedo

Walter Haubrich durante su discurso al recibir el Premio Cerecedo

Discurso de Walter Haubrich al recibir el Premio de Periodismo “Cerecedo”

Créanme si les digo que ningún otro premio hubiera podido darme una alegría mayor que el premio Francisco Cerecedo. Por muchos motivos: con el gran periodista y valeroso reportero Cuco Cerecedo me unió durante años una estrecha amistad. En nuestro común quehacer periodístico, tuve la suerte de coincidir con él en el extranjero varias veces. Cuando murió –siendo aún muy joven– en Colombia, mi periódico, el Frankfurter Allgemeine Zeitung, publicó una extensa nota necrológica. Porque, en aquel entonces, tampoco en Alemania era Cerecedo ningún desconocido.

Por pertenecer a ella desde hace tiempo, hace mucho que conozco y estoy familiarizado con la extraordinaria labor de la Asociación de Periodistas Europeos, que concede el premio y nombra el jurado. Entre los 17 que me precedieron en esta distinción se encuentran grandes nombres del periodismo español e importantes escritores que también publican en periódicos –como mi buen amigo Adam Michnik, también un extranjero. Tengo mucho que agradecer al jurado, entre otros a varios de sus miembros que me leen en alemán, por haberme dado acogida entre los acreditados nombres de los galardonados.

Nunca hubiera podido imaginar mejor reconocimiento a mi trabajo que esta distinción concedida por un jurado de ciudadanos del país del que en mi vida profesional me he ocupado más que de ningún otro.

Siempre, ya siendo niño, quise ser periodista y, por cierto, tan pronto como fuera posible, corresponsal en España. Y, aunque con un pequeño rodeo, una actividad docente en universidades, llegué a serlo. Un español, el comisario jefe de la Brigada Social del anterior regimen, el señor Yagüe, trató de presentarme esta aspiración profesional como absurda. Cuando me hizo detener por primera vez –hacía sólo unos días que había iniciado mi actividad de corresponsal en Madrid–, preguntó mientras hojeaba la información que tenía sobre mí: «¿Por qué le echaron de la universidad de Valladolid?». Mi respuesta de que la universidad de Valladolid de ninguna manera me había expulsado, sino que yo había puesto fin voluntariamente a mi actividad en ella para aceptar la oferta de entrar en la redacción del Frankfurter Allgemeine Zeitung, sólo le mereció una sonrisa irónica y una observación despectiva: «No querrá hacerme creer que alguien que es profesor en una universidad renuncia voluntariamente a esta actividad para hacerse periodista».

Pronto me di cuenta de que la opinión del jefe de policía política de Madrid no era necesariamente la de la mayoría de los españoles. A los corresponsales extranjeros, al menos a quienes, en los últimos años de la por fin extinguida dictadura, tratábamos de informar sobre la España real, sí que se nos tomaba en serio. Lo hacía la oposición democrática, a la que ofrecíamos la única plataforma para darse a conocer en el mundo y, por el reflujo de nuestras noticias, también en España; pero también el regimen, que no subestimaba nuestra influencia y que nos veía como adversarios políticos, cosa que no tendríamos por qué ser, o como fastidiosos perturbadores, y por eso trataba de amedrentarnos. En aquellos tiempos, la prensa extranjera, como no sufría censura ni tenía que someterse a ninguna consulta previa, desempeñaba un papel mucho más importante que el que tiene en situaciones democráticas normales. Algunos colegas españoles nos dieron entonces información importante. Información que ellos no podían publicar, pero que, precisamente porque eran buenos periodistas, querían ver publicada. Esta noche hay unos cuantos entre nosotros, y uno de ellos era Cuco Cerecedo.

A España le debo una de las experiencias más importantes y más bellas de mi vida, concretamente, la de vivir de manera consciente y comprometida la transición a la democracia. Fue un proceso que yo, como muchos españoles, llevaba tiempo esperando y que, con la monarquía parlamentaria, tuvo un resultado satisfactorio para la población. La transición española se convirtió en modelo de varios procesos de transición en Iberoamérica que también se llevaron a cabo con éxito, y en los que yo, como sucedió en Bolivia, Perú, Argentina y Chile, pude estar presente y escribir sobre ellos.

Países que, como España y los iberoamericanos, han tenido una historia contemporánea muy agitada, con períodos de opresión y resistencia, han exigido de los informadores la presencia directa en los acontecimientos y continuos y buenos contactos con los actores de los hechos políticos, lo que evitó que cayeran en el peligro del periodismo virtual tan extendido hoy en día. Me preocupa el número cada vez mayor de periodistas que conocen la realidad de la que deben informar solamente por la pantalla de la televisión o de los ordenadores. Con periodistas que pretenden informar de acontecimientos que no ha visto, de sitios que no han visitado, de personas que no han conocido, con cada vez menos testigos oculares, manipular la información se hace más fácil. Lógicamente, los testigos informadores deben tener los conocimientos necesarios para ordenar y valorar lo que han visto.

Empecé a conocer España a través de su literatura. Cuando pude viajar al país del que había leído todo cuanto tuve a mi alcance, me pareció bien conocido y familiar –y sus gentes respondían a la idea que me había hecho de ellas. Al cabo de algún tiempo, ya no pude ni quise dejar este país y, tras largas ausencias por trabajo en otros lugares, siempre he vuelto a Madrid.

De nuevo quiero dar las gracias a los miembros del jurado; gracias también a todos ustedes que han venido esta noche, a tantos colaboradores que me han ayudado, al periódico que siempre me ha publicado todo y a este país, donde nunca me sentí ni extraño ni extranjero.

SAR El Príncipe Felipe aplaude al galardonado, Walter Haubrich

SAR El Príncipe Felipe aplaude al galardonado, Walter Haubrich

Discurso de S.A.R. El Príncipe de Asturias al entregar el XVIII Premio de Periodismo “Francisco Cerecedo” a Walter Haubrich

Durante más de treinta años, las crónicas de Walter Haubrich para el Frankfurter han sabido transmitir, con gran humanidad y perspicacia, el sentido último de la realidad española, interpretado su actualidad en cada momento y reflejando muy especialmente ese largo camino de los españoles hacia un modelo de sociedad nueva como el que hoy disfrutamos, identificada con la democracia y plenamente integrada en Europa.

Desde la perspectiva de un sistema de libertades públicas ya consolidado, sentimos el grato deber de expresar nuestro reconocimiento ante una labor informativa desarrollada en condiciones difíciles, y en la que apostar por los valores democráticos suponía, como sigue suponiendo aún en muchos otros lugares del mundo, la asunción de riesgos mayores y un fuerte sentido del compromiso de la verdad, con la justicia y con la libertad. Un compromiso, en definitiva, con los mejores valores del periodismo.

Las crónicas de Haubrich para el Frankfurter Allgemeine Zeitung –como las crónicas en Le Monde de José Antonio Novais, también premio Cerecedo– significaron así, sobre sus virtudes intrínsecas de rigor y veracidad, una garantía internacional para los periodistas españoles y para las fuerzas democráticas de nuestro país, además de una de las claves del entendimiento entre los pueblos, que está en la base de los modelos de convivencia y de integración política entre países, como el que hoy compartimos en la Unión Europea.

La obra de Walter Haubrich es tan enjundiosa y atractiva por que nace del otro polo de esa gran tarea que es la construcción europea: su conocimiento e íntima comprensión de España, a la que también pertenece y en la que tan gustosamente le acogemos como amigo.

Si, como señala, con crítica irónica, el escritor alemán Hans Magnus Enzensberger, «por lo visto han pasado los tiempos en que podía vivirse a la altura de la época», cabe decir aquí que la figura de este corresponsal, alemán de origen, pero casi español, es un ejemplo vivo y tenaz de cómo vivir el periodismo precisamente «a la altura de la época».

En una noche como esta, quisiera referirme también a esa particular vocación del periodismo que constituyen los corresponsales de guerra, entre los que figuró muchas veces Cuco Cerecedo y también ejerció nuestro hoy premiado. Ellos forman parte como se ha escrito de la infantería de la historia, pisan el terreno minado y a veces caen con los ojos abiertos.

Despedida en los medios

– Walter Haubrich, testigo comprometido con la libertad – Miguel Ángel Aguilar, El País

– El corresponsal de fondo – Juan Cruz, El País

– Falleció Walter Haubrich, un periodista alemán clave en momentos históricos – Carsten Moser, Mundidiario

– Walter Haubrich, el testigo más fiel del salto de España del precipicio a la libertad – Juan-Fernando Dorrego Tíktin, Hechos de Hoy

– Voller Empathie und Leidenschaft – Klaus-Dieter Frankenberger, Frankfurter Allgemeine Zeitung

– Walter Haubrich gestorben – Thomas Urban, Süddeutsche Zeitung

En memoria de Juby Bustamante

Hizo de todo en el periodismo y todo lo hizo bien aunque si hay que destacar algo de manera especial sería seguramente su sensibilidad en el tratamiento de los temas culturales y artísticos.

juby
Juby Bustamante acaba de abandonarnos sin despejar la duda que siempre ha despertado su matrimonio de muchos años con Miguel Ángel Aguilar: La duda estaba en si realmente Juby era la mujer de Aguilar o, lo que opinaban cuantos conocían a la pareja, que Miguel Ángel Aguilar era el marido de Juby Bustamante. Sin duda alguna se trataba de una de las parejas periodísticas que más méritos profesionales acumulaban sin que fuese posible discernir quien de los dos aportaba más.

Juby Bustamante ejerció la profesión durante varias décadas y en diferentes medios, empezando por el periódico Madrid, cuya voladura interrumpió brevemente su brillante inicio en una carrera que la llevaría a alcanzar las más altas cotas profesionales. Era una periodista seria, rigurosa y de una brillantez literaria, a la hora de narrar los hechos, verdaderamente excepcional. Escribía bien y contaba las cosas con una claridad y sencillez que convertían la lectura de sus textos en una verdadera delicia.

Hizo de todo en el periodismo y todo lo hizo bien aunque si hay que destacar algo de manera especial sería seguramente su sensibilidad en el tratamiento de los temas culturales y artísticos. Juby Bustamante ya desde las páginas del diario Madrid como posteriormente de las de Diario16 fue un verdadero referente de la atención que la cultura empezaba a abrirse paso en una prensa que empezaba a romper moldes y a considerarla como prioritaria.

En su vida profesional, marcada siempre por la inquietud y la independencia, cuando no la rebeldía, hizo muchas cosas siempre al servicio de la cultura, como desempeñar con eficacia y perspicacia la jefatura del Gabinete del Ministerio o la dirección de Comunicación del Museo Thyssen a cuyo éxito tanto contribuyó con sus textos e iniciativas. La larga enfermedad que en los últimos años la mantuvo profesionalmente inactiva no la aisló sin embargo de su vinculación a la actualidad cultural.

En su vida privada era una persona afable, con un profundo sentido de la amistad y la solidaridad, cordial, extrovertida y con un gran bagaje cultural, cualidades que la convertían en una gran conversadora, algo que en su actividad periodística la había facilitado ser una excelente entrevistadora de grandes personajes. Todo ello hacía de ella una persona admirada cuya muerte deja sin duda un vacío muy difícil de llenar.

Diego Carcedo

Jaime Chávarri y Juby Bustamante en Monfortinho

Jaime Chávarri y Juby Bustamante en Monfortinho

JUBY

Durante mucho tiempo, creí que Juby se llamaba Jubilosa. Inventé para ella un nombre que no existe, pero no fue un capricho ni una equivocación. Yo creía que Juby tenía que llamarse Jubilosa porque ese nombre la definía mejor que cualquier otro. Para mí, ella siempre ha sido un sinónimo de la alegría, y alegría es mi palabra favorita. Juby era también una de mis personas favoritas. La quería mucho porque la admiraba mucho. El amor verdadero nunca es posible sin la admiración, y Juby derrochaba las virtudes que me parecen más admirables en un ser humano. Porque era buena e inteligente, muy buena y muy inteligente. Porque era fuerte y sensible, muy fuerte y muy sensible. Porque poseía una voluntad de hierro y un candor inmaculado, y se apoyaba en ambos por igual para disfrutar de todas las cosas, desde las más sencillas hasta las más sofisticadas. Juby era una mujer sabia que se reía como una niña pequeña. Yo la admiraba tanto por su sabiduría como por la transparente claridad de su risa.

Querer a Juby era muy fácil. Ése es el mayor elogio que puede hacerse de una persona y ella lo merece con creces. Era un ser luminoso, que irradiaba y concentraba luz al mismo tiempo. Una mujer tan generosa, que cuando quería a alguien se entregaba por completo, sin condiciones. Una mujer tan generosa que congregaba a su alrededor a todos los que la queríamos, porque siempre, hasta el final, tuvo tiempo para nosotros. Y siempre, hasta cuando empezaron a sobrarle motivos para preocuparse por ella misma, estuvo pendiente de los problemas y preocupaciones de sus amigos. Querer a Juby, y que Juby me quisiera, es uno de los privilegios que le agradezco a la vida. Hace ya bastantes años, Juby me regaló el collar que me he puesto para despedirla, esta joya de plástico y valor incalculable, que la define tan bien como aquel nombre inexistente que le adjudiqué por mi cuenta. Cuando no me apetece salir de casa, cuando amanece un día nublado, cuando estoy triste o desanimada, me pongo este collar de piedras preciosas que saben transmitirme alegría de vivir. Ésta es la herencia que he recibido de Juby Bustamante, el ejemplo que procuro imitar, la risueña memoria que quiero evocar hoy, cuando tanto dolor se agrupa en mi costado que, por doler, me duele hasta el aliento.

Juby no se llamaba Jubilosa pero era alegría pura, pura vida, un regalo del mismo destino que nos la ha arrebatado a traición, antes de tiempo.

Ella debería haber vivido siempre, y alguien tendrá que contarle a Tomás, algún día, que cuando amanece cada mañana, es la risa de su abuela la que enciende el sol.

Almudena Grandes
11/7/2014

Ángel Fernández-Santos  y Juby Bustamante en la redacción de Diario 16

Ángel Fernández-Santos y Juby Bustamante en la redacción de Diario 16

EN LA PRENSA

– Juby Bustamante, emblema del periodismo y de la cultura – El País

– Esas mujeres – El País

– Unos pasos detrás de mi maestra – El País

– Fallece la periodista y escritora Juby Bustamante – El Mundo

– Gran comunicadora de izquierda moderada – ABC

– Pluma de la cultura – La Vanguardia

– A la familia de Juby Bustamante – Juan Cruz en la Cadena Ser

– Fallece la periodista y escritora Juby Bustamante – La Vanguardia

– Periodismo y felicidad – Es Estado Mental

– Fallece la periodista y escritora santanderina Juby Bustamante – El Diario Montañés

– Fallece la excelente periodista Juby Bustamante tras una larga enfermedad – Republica.com

– Juby Bustamante – El Boletín

– Fallece en Madrid la escritora y periodista Juby Bustamante – Mundiario

– Fallece la periodista y escritora Juby Bustamante, pareja del periodista Miguel Ángel Aguilar – El Faro de Vigo

– Juby Bustamante, adiós a una gran periodista de la Transición – Heraldo

– Muere la periodista Juby Bustamante – El Cultural

– Muere la periodista Juby Bustamante – Infolibre

– Fallece la periodista Juby Bustamante – La Nueva España

En memoria de Xavier Batalla

Xavier Batalla, vicepresidente de la Asociación de Periodistas Europeos y corresponsal diplomático de La Vanguardia hasta hace unos meses, ha fallecido este jueves 13 de diciembre en su domicilio de Barcelona a los 64 años de edad a causa de un tumor cerebral que le fue detectado hace algo más de un año.

A lo largo de su excelsa carrera periodística Batalla colaboró entre otros medios en El Correo Catalán, Diario de Barcelona, El País y La Vanguardia. Recibió numerosos premios, entre ellos el Premio de Periodismo Europeo Salvador de Madariaga que concede anualmente la APE y, el pasado 7 de diciembre, el premio el premio Ofici de Periodista que concede el Collegi de Periodistas de Catalunya como reconocimiento a su carrera periodística.

Durante ese acto su hija Laura leyó en su nombre un discurso donde destacó que “mi padre ha hecho del periodismo su razón de vida. Si mi padre pudiera hablar, nos diría que debemos seguir avanzando en la construcción europea, el proyecto más exitoso del siglo XX. También nos explicaría qué está pasando en el mundo árabe y porqué. Si pudiera hablar, se alegraría de la victoria de Barak Obama y nos recordaría que son las ideas las que mueven el mundo y que lo que hoy más falta hace son, precisamente, nuevas ideas”. “Si pudiera hablar -añadió- diría que debemos ser idealistas como George F. Kennan”.”Cuando éramos pequeños y le preguntábamos alguna cosa sobre historia esperando una respuesta breve -recordaba Laura-, mi padre siempre decía: ‘Bien, para responder a esto habréis de entender dónde empieza. Habríamos de remontarnos a las ciudades estado'”.

Desde la APE queremos trasmitir nuestro más sincero pésame a su esposa Judit y a sus hijos Laura y Oscar, así como a todos los amigos que durante años han compartido con Xavier sus profundas reflexiones, sus certeros análisis sobre cuestiones de ámbito nacional e internacional, sus siempre elegantes discusiones futbolísticas y sobre todo su inolvidable amistad. DEP.

Despedida en los medios

A Voice of Reason Falls Silent: Xavier Batalla, 1948-2012 – Bobby Ghosh en Time

Xavier Batalla, ‘Mister Number One’ – Jaime Arias en La Vanguardia

Xavier Batalla, la memoria culé – Emilio Pérez de Rozas en El Periódico

Muere Xavier Batalla – La Vanguardia

Muere el periodista Xavier Batalla – La Vanguardia

Fallece Xavier Batalla, periodista de rigor internacional – El País

Fallece el periodista Xavier Batalla – El Periódico

Muere el periodista y corresponsal diplomático Xavier Batalla – La Voz Libre

El periodista de La Vanguardia Xavier Batalla fallece a los 64 años – Diario Sur

El periodista de La Vanguardia Xavier Batalla fallece a los 64 años – ABC

El periodista de La Vanguardia Xavier Batalla fallece a los 64 años – El Norte de Castilla

Artículos de Xavier Batalla en la web de la APE

El mundo al revés

El deber de proteger

El estado por hacer

Un mundo sin la bomba