El último encuentro en el Universo, por Miguel Ángel Aguilar

Artículo publicado originalmente en InfoLibre el 2 de Abril de 2019

Rafael Sánchez Ferlosio recoge el galardón del I Premio “Francisco Cerecedo” de manos del Presidente del Gobierno, Rafael Sánchez Ferlosio

La cita era los sábados a mediodía. El lugar sufrió algunos cambios. Durante unos años fue en el Bar Luz de la calle de López de Hoyos. Ferlosio encomiaba la actitud de los dos hermanos propietarios que preferían cerrar el local para que no se les llenara de gente cuando a la una salían del mercado. Alababa que no tuvieran ningún afán de lucro. Durante un breve lapso de tiempo la tertulia se instaló en una franquicia de Te y Café en la acera de enfrente. Resultó desapacible. Entonces se decidió nueva ubicación en el Bar Universo, gestionado por chinos pero con oferta culinaria española.

Junto a Rafael y Demetria, su mujer, los más asiduos eran el antropólogo Tomás Pollán, el editor Eugenio Gallego, el filósofo José Luis Pardo y en los últimos meses el periodista Manuel Llorente. Luego un amplio contingente de fijos discontinuos. Desde el profesor Juan Aranzadi, el editor Ignacio Echevarría, el académico Félix de Azúa, el novelista Gonzalo Hidalgo Boyal, su paisano el periodista Jesús Mota o el embajador Jaime de Ojeda, que se dejó caer cuando su última estancia en Madrid. A partir de cualquier asunto del momento, el debate podía entrar en ignición en excursiones hacia Atenas o Roma, la Edad Media o el Renacimiento, la pintura, Max Weber o Gonzalo Ayora.

El sábado 30, cuando llegué, como siempre tarde, solo quedaba Rafael. Me quedé a comer con él. Comentamos la bronca surgida a partir del planteamiento del presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, que había rogado al Rey Felipe VI que pidiera perdón, ahora que se cumplen 500 años de la llegada de Hernán Cortes, con cuyo comportamiento se encuentra disconforme. En esa polvareda hice mención a un texto esclarecedor de Héctor Aguilar Camín escrito en 1993, México y su España imaginaria, donde da cuenta del conflicto que allí tienen y le recordé su libro Esas Yndias equivocadas y malditas. Ferlosio sostuvo que Cortés no fue de los peores y luego derivó hacia el juicio de residencia a que se sometía a virreyes y gobernadores cuando caducaba su mandato.

Por esa senda, mencionó a Lewis Hanke y a Solórzano Pereira. También a Pedro de Lagasca, al que encomió mucho. Se le escapaba el nombre de un jurista francés del XVI o XVII que había teorizado sobre la cuestión. Quedé encargado de consultar con Tomás Pollán, quien aclaró que se trataba del holandés Hugo Grocio. Luego le acompañé a su casa. Sin que lo supiéramos había sido el último encuentro en el Universo.

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