«Entiendo la Unión Europea como el mejor anestésico del nacionalismo».

Carlos Franganillo al recibir el Premio Madariaga

Carlos Franganillo al recoger el diploma acreditativo del Premio "Salvador de Madariaga"

Enhorabuena a Rafael Jorba y Rafael Panadero por este premio y gracias a quienes han permitido que hoy pueda dedicarme al periodismo de la manera en la que creo que debe hacerse. Yendo al lugar en el que ocurren las cosas para ver y contar. Así de sencillo y sin embargo cada vez más complicado e infrecuente. Gracias a mi familia y a quienes han confiado en mí y me han dado oportunidades. Es un honor ser distinguido por gente a la que admiro profundamente y quiero compartir este premio con los compañeros de TVE y especialmente con los de la corresponsalía en Moscú.

El periodismo es trabajo en equipo y en el caso de la tv, más todavía.Hemos cubierto un proceso al que me temo, le quedan aún muchos y peligrosos capítulos y que arrancaba cuando una parte importante de la sociedad ucraniana salió a la calle para empujar a su país hacia Europa. Ese sentimiento perdió protagonismo poco tiempo después, intoxicado por la extrema derecha y por el nacionalismo incubado durante décadas en el Oeste del país, Pero al margen de esa deriva es innegable que La Unión Europea tiene aún un enorme atractivo. Basado en el bienestar pero también y fundamentalmente en los valores universales que forman su esencia.

En su imperfección, durante las últimas décadas la Unión ha logrado disfrazar y contener los impulsos nacionalistas continentales. No es poco en una Europa acostumbrada a acuchillarse a lo largo de la Historia. Esos impulsos rebrotan ahora en los márgenes de la Unión, mezclados con el Gran Juego geopolítico y la lucha entre superpotencias. Pero hemos mejorado mucho, quizá obligados por nuestras servidumbres en un mundo más conectado y complejo. Hace 100 ó 200 años lo ocurrido en Kiev o Crimea habría abierto probablemente ya la puerta a un horror a gran escala. Al menos de momento, la diplomacia y el diálogo siguen abiertos y creo que ésa es una victoria de los nuevos mecanismos de gobernanza mundial y especialmente de la Unión Europea como actor implicado.

Entiendo la Unión Europea como el mejor anestésico del nacionalismo, un anestésico diseñado como respuesta a la locura de dos guerras mundiales. Hoy, en una Europa enfrascada en eufemismos que esconden recortes y ajustes, no debemos olvidar la esencia de ese proyecto, que ha permitido la etapa más larga de paz y prosperidad en el continente. Tampoco deben hacerlo quienes dirigen hoy la Unión o la política exterior de sus miembros más destacados. Hacer la vista gorda ante la amenaza xenófoba, por minoritaria que hoy sea en el escenario ucraniano, no puede ser una opción en la lucha por los intereses estratégicos. Los ideales europeos deben seguir siendo garantía frente a amenazas que creemos cosa del pasado en esta parte del mundo pero que pueden volver en el futuro si bajamos la guardia.

Muchas gracias.

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