‘Europa en la escuela’ o cómo divulgar el espíritu europeo en los colegios, por Juan Cuesta

Artículo publicado originalmente en El Confidencial el 15 de Marzo de 2019

Parlamento Europeo

A los europeístas nos gusta debatir. Encuentros, jornadas, debates, tertulias… La agenda diaria es un sinfín de actos con un público convencido de lo fundamental y en ocasiones discrepante en las formas. Un público finito, contable y matemáticamente irrelevante.

Por eso ya hace seis años, en EuropaEnSuma pensamos que había que hacer algo más: llegar más lejos, arriesgar, pisar terrenos más comprometidos pero en los que se puede cuantificar el resultado. El europeísmo en expansión.

Así que, de la mano de la Unión de Federalistas y Europeístas de España, propusimos al Movimiento Europeo lanzar una campaña de ‘Europa en la escuela’ para que los estudiantes de las enseñanzas medias se detuvieran un momento a pensar cómo hemos cambiado. Sin que ellos hubieran reparado en ello. Entre otras cosas, porque ya nacieron con el euro, el Erasmus, Schengen, la tarjeta sanitaria europea o el Interrail.

Es lo que hacen habitualmente cuando repasan antes de un examen: subrayar lo importante. Remarcar con rotulador fosforescente que Europa es una propuesta de paz en un continente con un recorrido convulso y sangriento desde que la historia puede datar la violencia, que la bandera de las 12 estrellas es una bandera de paz como ninguna otra enseña de los Estados miembros.

Destacar que no necesitamos pasaporte para movernos por 26 países, que podemos comprar libremente en otro Estado, que nuestro permiso de conducir y el seguro son válidos para toda la UE, que puedo ver por televisión a mi equipo favorito cuando viajo por el continente porque mi cuota de acceso a la tele de pago ya difumina las fronteras nacionales, que tengo la posibilidad de llamar a casa cuantas veces me apetezca porque mi tarifa plana telefónica ya no acaba en los Pirineos, que puedo trabajar en Alemania o en Finlandia porque no soy un emigrante sino un ciudadano europeo que ha decidido trabajar allí y en igualdad de condiciones que los nacionales, que el Espacio Europeo de Educación me abre las puertas para estudiar en otro país y reconocer mis títulos, que…

Es el día a día, es la vida cotidiana de los europeos en un nuevo espacio marcado por dos vectores que empujan en la misma dirección, que nos permiten avanzar y hacen que crezca nuestro sentido de pertenencia: nuestros valores y la eficacia de los instrumentos compartidos de los que nos hemos dotado. Valores y eficacia son las señas de identidad del proyecto europeo que compartimos, la mayor democracia supranacional del mundo.

Miles de escolares en estos seis años de experiencia del programa ‘Europa en la escuela’ han podido señalar en rojo que en un mundo globalizado no caben recorridos en solitario, que 500 millones de europeos pueden frenar los embates especulativos sobre el euro, pero la lira turca, con 80 millones de personas detrás, no puede soportar un tuit intempestivo y frívolo de un Trump con dificultades para conciliar el sueño.

Podemos colocar entre paréntesis, incluso, que si la UE desapareciera, en el horizonte de 2030 ni Alemania estaría entre las primeras 15 potencias del mundo, que sin las ayudas comunitarias no habría productos agrícolas que pudieran competir en un mercado mundial. O que más de la mitad de la ayuda al desarrollo en el mundo lleva la UE como remitente.

No, no se trata de que se aprendan los nombres de Juncker, de Tusk o de Tajani. No. No se trata de que aprendan sobre qué puede legislar el Parlamento Europeo o qué poder tiene el Consejo. Tampoco han aprendido esos protocolos en las instituciones españolas. Se trata de que sientan Europa, de que conozcan cómo está Europa en sus vidas y de que valoren lo que tenemos, aunque para ellos forme parte de su paisaje cotidiano. Porque a veces ocurre que solo nos damos cuenta de lo que tenemos cuando lo perdemos. Y ese riesgo es real.

Y se trata de resaltar, frente a las críticas, que la UE no es infalible, que hace cosas mal, que tal vez suscribamos esas críticas y que en nuestra mano, como en toda democracia, está cambiar las cosas si no nos gustan.

El día 26 votamos a nuestros representantes en el Parlamento Europeo, que elegirán al presidente de la Comisión Europea; pero antes, el 28 de abril, también votamos a nuestros representantes en el Consejo de la Unión: elegimos Gobierno.

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