Jean Monnet. Memorias

Siglo XXI, APE y Banco Hispano Americano. Madrid, 1985, 539 páginas.

Prólogo de Felipe González Márquez (versión española de Jesús Manuel Martínez).

«No recuerdo haberme dicho nunca: “Seré alguien”. Pero tampoco me oigo decir, en ningún momento de mi vida: “Haré algo”. Lo que he hecho o contribuido a hacer, lo que he contado en este libro nació de las circunstancias, cuando éstas se presentaron. No me han faltado y siempre he estado preparado para cogerlas al vuelo.»

Cada página de las Memorias de aquel a quien De Gaulle llamaba «el inspirador» y a quien los jefes de Estado y de gobierno de los países del Mercado Común han otorgado el título de ciudadano de honor de Europa, arroja una nueva claridad sobre tres cuartos de siglo de la historia del mundo, pero sobre todo –y ante todo- presenta una acción y una filosofía únicas.

Así pues, este libro es una revelación. Dos ejemplos bastarán para convencerse de ello. Desde el comienzo de la primera guerra mundial, Monnet, muy joven aún y ya en Londres, desempeña una misión que ha solicitado del presidente del Consejo y que éste le ha confiado, al margen de toda jerarquía: es él quien pone en pie los acuerdos de cooperación franco-británicos con vistas a facilitar los transportes marítimos, acuerdos que desempeñarán un papel capital en la victoria de los Aliados. Desde el comienzo de la segunda guerra mundial, Monnet reincide, pasa dos años en Washington sin un cargo oficial; es él, ciudadano de una nación vencida, quien se convierte en uno de los consejeros más escuchados del presidente Roosevelt, en el principal inspirador del Victory Program. El célebre economista Keynes, cuya moderación es bien conocida, escribió que Jean Monnet había acortado así en un año la segunda guerra mundial.

Se sabe cuál fue su papel en la posguerra. Si existe Europa, se lo debe a Jean Monnet. Pero lo que se ignoraba era cómo llevó a cabo Monnet toda su labor, fiel a las que fueron siempre sus reglas de conducta.

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