La anomalía italiana, por Elsa González

No son buenos tiempos para la libertad de información. Hablar de periodismo es referirnos a una situación convulsa. En plena transformación tecnológica se ha cruzado una fuerte crisis económica.

Desde luego, en la actualidad, los periodistas tenemos motivos para estar indignados.

1.- Por el paro que no cesa. El Observatorio de la crisis de FAPE registra casi 4.000 despidos desde hace algo menos de tres años. En el INEM, la cifra se dobla.

2.- Por la precariedad, que deja, especialmente a los nuevos profesionales, instalados en el último eslabón de la escala laboral. Y es que la etapa de becario se alarga hasta la madurez.

El paro y la precariedad son los mayores enemigos de la independencia. Además, jubilaciones anticipadas o despidos han provocado la pérdida de profesionales bien formados en cultura y oficio a cambio de jóvenes mal pagados y aún inexpertos.

De ahí que el político se haya confiado y aproveche esa debilidad mediática.

En los últimos tiempos se han incrementado las agresiones a la libertad de información. El hábito de las comparecencias sin admitir preguntas fomentan la opacidad y atenta contra el derecho a la información del ciudadano.

La iniciativa contra las ruedas de prensa sin preguntas ha sido suscrita por más de 10.000 firmas y el respaldo ha sido casi unánime por parte de los medios. Hemos recibido con agrado el apoyo unánime del a Federación Europea de Periodistas a la moción que presento la FAPE.

Sin duda la campaña ha despertado conciencias. Algunos políticos han quedado en evidencia y muchos ciudadanos han conocido una realidad oculta, que deteriora la democracia…

Como algunos procesos de concesión de licencias que constituyen una auténtica arma política que ensombrece la libertad de información…

O la imposición de los denominados bloques electorales. Esa información de los partidos políticos en tv durante la campaña electoral, con tiempo y, casi, contenido marcado, solo puede calificarse de publicidad electoral.

Tenemos motivos para la crítica, pero también para la autocrítica:

A veces, los ataques a la profesión son internos y afectan al rigor y a la calidad de la información:

La rapidez se ha impuesto a la verificación. Y se han aligerado los contenidos.

También nos hemos apeado de la ética con bastante facilidad, hasta convertirse en el peor adversario de la profesión.

La crisis ética ha depreciado nuestra imagen. Ha devaluado el peso especifico del periodista ante la sociedad.

Casi todas las empresas practican esa sinergia multimedia que general periodistas multifuncionales y polifacéticos.

Se hace un periodismo de declaraciones, de políticos o de famosos y damos voz a quien tiene poco que decir. Las noticias de elaboración propia son escasas, mientras crece el recurso de copiar y pegar.

El resultado: proliferación del rumor, contenidos sin contrastar y escasa originalidad.

En gran parte de los debates o tertulias periodísticas se ha impuesto el espectáculo de la tensión, la posición política predeterminada y la polémica como negocio televisivo.

Es difícil ponerle freno y no limitar la libertad, de ahí que apostemos, en primer lugar, por la autorregulación de los medios.

FAPE posee un elaborado Código deontológico al que se han sumado varias facultades de Periodismo para incorporarlo a sus programas lectivos, junto al estudio de las resoluciones de la Comisión de Quejas y Deontología. En unos días se convertirá en Fundación. Sus dictámenes son ejemplo de profesionalidad, independencia a imparcialidad.

Javier Restrepo, de la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano, ha afirmado en un curso de FAPE que si la Universidad solo enseña técnicas, el periodista sale sin armas para enfrentarse a un oficio que, para ser digno, precisa una gran reserva interior. Fundamentalmente, conciencia. Y es fundamental para ejercer este oficio con libertad .

FAPE también ha sido pionera en apostar por la supresión de los anuncios de prostitución. Una anomalía de la prensa española que no encontramos en países de nuestro entorno. Y que han desterrado varios medios.

Anuncios con llamativos términos al alcance de menores. Cada uno de nuestros objetivos es que los periódicos y la información en general sea objeto de análisis en las aulas de primera enseñanza.

Es imprescindible forjar ciudadanos críticos y formar para valorar la información e interpretar los contenidos. Especialmente en esta nueva sociedad de la información.

Vivimos en una sociedad sumamente conectada, pero, seguramente, no más informada. Las noticias circulan por la red, pero es el periodista quien certifica su origen, la fuente, la contrasta, la sitúa, la contextualiza y la narra bien.

Indro Montanelli decía que el buen periodista no se limita a describir. Y los blogs o las redes sociales no investigan. Son instrumentos útiles, pero no son periodismo. Salvo que consideremos que esta profesión es cosa de aficionados y uno un oficio que ampara la Constitución.

(“Soy muy escéptico acerca del periodismo ciudadano” – afirma el fundador de slate.com (división editora de Washington Post). “Cuando voy a un restaurante – señala Jacob Weisber – quiero que la comida me la cocine el chef y no un cliente”).

Pero, los medios de comunicación deben aprovechar las ventajas que brindan las plataformas sociales. Eso sí es preciso filtrar y procesar las informaciones que llegan por esta vía.

Solo el periodismo profesional cualifica para este oficio. Y el periodismo precisa del mercado para ser libre, pero cuando la información se mercantiliza deja de serlo. La calidad no está reñida con el negocio, sino todo lo contrario.

El empresario ha buscado dinero fácil y rápido con pilares de barro como la ética que ha aplicado. Y, como sabéis, la comunicación no es una industria cualquiera, posee unas dosis de servicio público que le confieren una responsabilidad diferente, debido a su enorme capacidad de influencia para transformar un país.

La defensa de los valores del periodismo es, seguramente, la mejor respuesta a los momentos convulsos que atraviesa nuestra profesión. Y, el periodismo es la mayor garantía de libertad, de defensa de la democracia.

El papel del periodista es más necesario que nunca. Y nos hallamos en una etapa de oportunidades. Podemos ser los arquitectos de ese futuro de la comunicación social.

Si creo que debemos aportar una cualidad de la que estamos escasos aquí: unidad.

Cuando veía o leía las protestas de los periodistas y medios italianos contra la Ley Mordaza me producían una cierta envidia. No la Ley. La respuesta unánime.

Hacer gremio es una asignatura pendiente en el periodismo de nuestro país.

Bienvenidos a Madrid. Buenas tardes y buena suerte.

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