Las relaciones entre la UE y América Latina: Nueva mirada para un nuevo horizonte

9:30.-  Palabras de bienvenida

10:00.- Primera sesión.  Un nuevo horizonte

El Fondo Monetario Internacional (FMI) prevé  que el continente latinoamericano crezca entre el 1 % y el 1,5 % durante el año 2017 apoyado en la recuperación del precio de las materias primas pero sobre todo gracias a la gran transformación social que se ha producido en la región y que tiene que ver con el crecimiento de la clase media a la que el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) sitúa ya por encima del 60% de la población. 

Además, de la mano de esa generalización de la clase media, el terreno político ha experimentado una consolidación democrática – integrando fenómenos complejos como el populismo o el indigenismo- y un lento pero firme proceso de confianza en las instituciones y de rechazo a la corrupción.  Entre los retos pendientes quedan aún la enorme brecha de desigualdad, la falta de cultura fiscal,  y la seguridad tanto física como jurídica.

Ante este nuevo panorama, las relaciones entre la Unión Europea y América Latina también parecen abocadas a ser diferentes. La UE parece dispuesta a continuar siendo el modelo de integración que en los últimos años se mostraba desteñido y ha de ver en las relaciones económicas pero también socioculturales una nueva vía para afianzar su lugar en el orden internacional.

En esa línea navega el informe sobre las relaciones políticas de la UE con América Latina que el ponente de la Comisión de Asuntos Exteriores, Javier López, presentará en el Parlamento Europeo el próximo 11 de septiembre y que tiene como propósito analizar los vínculos y oportunidades que se presentan conjuntamente para ambos continentes. 

Participante:

Javier López. Eurodiputado. Ponente del informe sobre las relaciones políticas de la Unión con América Latina

 

11:30.- Pausa para café

12:00.- Segunda sesión. Una nueva mirada

Como presenta el informe, la región latinoamericana viene de experimentar notables cambios y, si bien no ha logrado realizar todas las reformas estructurales que hubieran sido deseables, sí es evidente su transformación. Europa, por su parte, se encuentra inmersa en un proceso de reinvención que incluye Brexit y elecciones nacionales diversas de las que parece estar saliendo fortalecida.

Esta nueva realidad parece propicia para un cambio en las relaciones de la Unión Europea con América Latina que en la última década parecían distantes. Se podría decir que Latinoamérica es el lugar donde mejor se aclimataron los valores y las instituciones europeas y, sin embargo, a pesar del intento de España y Portugal de activar la conciencia latinoamericana de Bruselas, esta región no ha estado siempre entre las más urgentes prioridades. La necesidad de superar la terrible crisis que afectó no sólo a la economía sino a los propios pilares europeos ocupó la mayoría de sus esfuerzos mientras que Latinoamérica se volcaba en la nueva y fructífera relación comercial con el Pacífico. El problema residía en que, como escribió el diplomático chileno, Fernando Reyes Matta, “América no sabe hablar con China, sólo sabe comerciar”. Nada les une más allá de las transacciones económicas mientras que, por el contrario, el continente latinoamericano comparte los principios fundacionales de Europa y su integración fue considerada un espejo al que mirarse.

Además, la deserción de la Administración Trump en Estados Unidos de abanderar los valores en los que Occidente se reconocía y su alejamiento del continente latinoamericano -con muro incluido-, abre una ventana de oportunidades que parece que Unión Europea y Latinoamérica están dispuestos a explorar a través de una nueva relación que supere la anterior, prácticamente basada en cooperación y ayuda al desarrollo y que por vez primera se base en miradas desde la igualdad de dos continentes con objetivos comunes y principios similares.