Macron pone a Francia en modo revolución para devolverle su grandeza y relanzar la UE, por Pedro González

Artículo publicado por Pedro González en El Debate de Hoy el 10 de julio de 2017

Emmanuel Macron quiere ser el artífice de una nueva revolución francesa para que la nación recupere la confianza en sí misma y también la de sus socios europeos. El país galo se encuentra en situación de emergencia moral, social y económica.

No es el Rey Sol, pero acumula casi tanto poder como Luis XIV y, desde luego, más incluso del que acaparó el general Charles de Gaulle, fundador de la V República, cuya Constitución de 1958 sigue plenamente en vigor en Francia. Emmanuel Macron, elegido presidente por amplia mayoría, y apoyado por un movimiento que arrolló en las subsiguientes elecciones legislativas, se apresta a cumplir lo que prometió: devolver a Francia su grandeza y, con ella, relanzar la Unión Europea.

En apenas dos días, Macron y su primer ministro, Edouard Philippe, han anunciado a los franceses lo que les espera. El país está en situación de emergencia moral, social y económica, de manera que los sacrificios serán inexorables.

El presidente Macron hizo uso de la enmienda Sarkozy del artículo 18 de la Constitución, por la que puede dirigirse directamente al Parlamento, reunido en sesión conjunta –Asamblea Nacional y Senado-. De Gaulle, Pompidou, Giscard, Mitterrand y Chirac nunca pudieron hacerlo, ya que el primitivo texto constitucional impedía al presidente de la República pisar siquiera el recinto legislativo, de manera que, si querían lanzar algún mensaje, habían de hacerlo por escrito, texto que sería leído por persona interpuesta.

Versalles, la más genuina expresión del absolutismo monárquico galo, fue el escenario de esta comparecencia de Macron, cuyo primer mensaje a los 577 diputados y 348 senadores fue que serán recortados en un tercio, o sea que, a juicio del presidente, 385 diputados y 232 senadores son más que suficientes para alumbrar las leyes necesarias para un cambio que se presume revolucionario.

Van a tener mucho trabajo, porque el presidente quiere que las reformas institucionales estén concluidas en el plazo de un año. Además de ese gran recorte, destacan la eliminación del tribunal especial encargado de juzgar a ministros y altos cargos -versión gala de nuestros manidos aforamientos-, la supresión del cúmulo de mandatos en una misma persona y la introducción de dosis de proporcionalidad en todas las elecciones, regidas hasta ahora por el sistema mayoritario a dos vueltas.

Dejó que fuera su primer ministro quien explicara los detalles de la lista de reformas, pero el presidente les lanzó una advertencia mayor: o los diputados y senadores las aprueban o convocará un referéndum para que el pueblo decida. Estima que su doble y aplastante triunfo electoral, presidencial y legislativo, es la expresión del ansia de los franceses por que concluya el persistente declive del país por su inmovilismo y falta de competitividad, de manera que, si los legisladores se resisten a los cambios, consultará al pueblo directamente.

Cambiar Francia de arriba abajo

Macron se sumergió al día siguiente en un submarino, tanto para reafirmar su condición de comandante supremo de las Fuerzas Armadas como para demostrar su confianza en su primer ministro, que desgranaba, mientras tanto, ante el mismo auditorio versallesco, un programa destinado a cambiar Francia de arriba abajo. No en vano, el país está “en estado de emergencia, que es tanto económico y social como de seguridad”.

Con el tándem Macron-Philippe se acabará el rígido marco laboral francés, sin duda el más inflexible de Europa. El proyecto de nueva ley laboral se inspira en la española de Mariano Rajoy, si bien irá incluso más lejos, respaldando a “los que asuman riesgos y no a los instalados”. Se potenciará el diálogo social en el interior de las empresas y se asegurará la carrera profesional en base al mérito de cada uno.

Para justificar una cierta vuelta al antiguo servicio militar obligatorio, que estará diseñada antes de que acabe este año, el Gobierno estima que “nuestra juventud está sedienta de causas por las que merezca la pena luchar”. Ello requiere llamar a la movilización de la juventud para que entre en combate en “el frente que hoy está en lo social, en la protección del medio ambiente y en la creación de un mundo más justo”.

Esa juventud habrá de formarse mejor, de manera que la reforma del bachillerato será completa y radical de aquí al 2021. En esa reforma se introducirá una especial potenciación de la lectura. Edouard Philippe lo dejó claro: “La lectura nos hace libres. La República vive en las bibliotecas. Queremos que Francia vuelva a ser una nación de lectores. Francia es una cultura que se asume y se transmite”.

La renovación ética se hará a escala nacional. Para el Gobierno de Macron, “ser francés es compartir valores, reconocer que la laicidad es una exigencia individual y que la libertad es el principio supremo”. Laicidad es signo distintivo de Francia, lo que advierte de manera contundente de que no se pueden invocar presuntas leyes divinas por encima de las de la República Francesa. En claro, no se puede contraponer la supuesta superioridad del Corán, ni de la Biblia, sobre la Constitución.

Fin del estado de urgencia

Respecto de la seguridad, Macron quiere concluir el actual estado de urgencia antiterrorista, el 1 de noviembre a más tardar. Ello no obsta para que tanto él como su primer ministro prevengan de que “habrá más atentados, más dramas y más vidas segadas”. Pero reafirman, al mismo tiempo, su voluntad decidida de luchar contra el terrorismo con la mayor firmeza posible, “sin renunciar en ningún caso a lo que somos, un Estado de derecho”. Para realizar esa lucha con garantías de éxito, el Gobierno francés proveerá de los medios que hagan falta “a los que luchan desde el Sahel hasta Oriente”.

La Justicia, pata fundamental en la nueva arquitectura institucional, también será reforzada en cuanto a medios materiales, al tiempo que podrán juzgar a partir de leyes que impondrán penas más duras para los terroristas, los convictos por crimen organizado y los reos culpables de todo tipo de violencias. En previsión del consiguiente aumento de delincuentes convictos, se crearán 15.000 plazas penitenciarias más, recalcando, claro está, que “la prisión no debe ser un fin en ningún caso, ni la incubadora de los comportamientos delictivos del mañana”.

El permanente déficit de la Seguridad Social se atajará con una mayor vigilancia de los abusos, cuestión en la que hay general coincidencia tanto sobre bajas laborales insuficientemente acreditadas como sobre medicaciones sobreabundantes. A efectos preventivos, el nuevo Gobierno declarará obligatorias once vacunas y establecerá el precio mínimo del paquete de cigarrillos en diez euros. La reforma de la sanidad pública será integral, aunque garantizando la igualdad de acceso a los tratamientos necesarios.

Sin margen para bajar los impuestos

¿Cómo se paga todo esto? Obviamente, con los impuestos, que no bajarán por lo menos hasta 2019. Macron no lo hizo, pero su primer ministro sí echó la culpa al anterior presidente, François Hollande, de haber dejado la caja vacía y con telarañas. Fían, pues, a la recuperación económica, impulsada por la reforma laboral, el aumento de la recaudación antes de proceder a una reforma fiscal que atenúe la carga que soportan tanto los que intentan una aventura empresarial como los empleados por cuenta ajena pero sin cargas familiares.

Macron cree que la principal tarea global de Francia es restablecer la confianza, en sí misma en primer lugar, y de sus socios europeos. Se equilibrará entonces la locomotora de una UE, en la que Alemania no quería asumir el liderazgo en solitario.

En resumen, Macron quiere ser el artífice de una nueva revolución en el país, a la que se resistirán, sin duda, desde los viejos y resabiados políticos profesionales hasta unas fuerzas sindicales que han hecho del inmovilismo y el privilegio su divisa. Sus intenciones son claras y así se lo ha explicado a los franceses, consciente de que, como decía Napoleón, a pesar de las penalidades, “un pueblo se deja guiar solamente cuando se le muestra un futuro”.