Palabras de S.M. el Rey en el entrega del XXXV Premio de Periodismo “Francisco Cerecedo” a Rubén Amón

S. M. el Rey durante sus palabras tras la entrega del XXXV Premio Cerecedo

N​os alegra mucho, a la Reina y a mí, acudir nuevamente a estos Premios Francisco Cerecedo, que organiza la Asociación de Periodistas Europeos, de la que siempre me he sentido muy orgulloso de ser Presidente de Honor. El recuerdo hacia él, está siempre con todos nosotros, aunque yo no tuve la fortuna de conocerlo.

Tuve la oportunidad de conocer a los miembros de APE en una audiencia en Zarzuela en 1983, y, algunos años después, en 1989, entregué este premio por primera vez, con Raúl del Pozo como galardonado. Muchos recuerdos, y también ausencias…

Enhorabuena, Diego y a todos en la APE por esta nueva edición, con la que sumáis −sumamos− 35; buena prueba de vuestro empeño tenaz en impulsar y prestigiar siempre el mejor periodismo. Esa determinación, que habéis logrado sostener y continuar en el tiempo, es siempre digna del mayor elogio pero se convierte en imprescindible en los tiempos en los que vivimos en los que el periodismo −sin adjetivos− cobra un papel aún más relevante, si cabe, en las sociedades democráticas.

En esta ocasión, es Rubén Amón a quien el jurado ha elegido para ser premiado con “el Cerecedo”; pues a él, ante todo, le damos nuestra felicitación más cordial y sincera. Su nombre, sin duda, prestigia la lista de galardonados con este premio al mismo tiempo que le compromete en una deuda de excelencia, responsabilidad y buen hacer periodístico con los compañeros con los que, desde hoy, comparte este reconocimiento. Muchas felicidades, Rubén.

La brillantez de tu pluma, tu versatilidad como periodista y el bagaje cultural con el que ennobleces el ejercicio de la profesión, son cualidades que el jurado ha querido resaltar. Eres ejemplo, por tanto, de algunas de las virtudes más valiosas que requiere la profesión periodística, especialmente en un momento tan complejo en el que la información veraz y su antagonista, la falsedad intencionada, consiguen desorientar cuando no confundir al ciudadano.

Un ciudadano, por ello, necesitado −más que nunca− de unos medios de comunicación profesionales que se caractericen por su rigor y fiabilidad; y necesitado también de unos referentes de opinión que permitan los contrastes de ideas y pensamientos hechos con honestidad intelectual y afán de servir, de ser útiles para saber más y entender mejor lo que ocurre, sus porqués y sus posibles consecuencias.

A los periodistas compete, pues, particularmente, esa tarea de detección y clarificación de las noticias falsas, de separación de lo cierto de lo que no lo es, e incluso de lo tóxico. Para ello, la cultura se presenta como una de las más efectivas vacunas y Rubén Amón −como hiciera antes su padre, D. Santiago− recurre al humanismo moderno para intentar desactivar esa manipulación o tergiversación.

Ha valorado también el jurado la capacidad de Amón para informar con ironía y humor, sin incurrir en la banalidad ni sacrificar el rigor. Sentido del humor que enraíza con nuestros mejores acentos culturales e históricos, con nuestro Cuco Cerecedo, e incluso con el gran Miguel de Cervantes al que podríamos considerar el mejor suministrador de ironía y humor entre nuestros escritores. A Don Quijote le hizo decir que “La verdad adelgaza y no quiebra, y siempre anda sobre la mentira como el aceite sobre el agua”.

Por eso, debemos expresar nuestro reconocimiento a los periodistas que buscan con diligencia infatigable la verdad, a los que evitan dejarse ganar por las emociones prefiriendo la fidelidad con los hechos. A quienes, en definitiva, están en su sitio, cumplen con su deber para con la sociedad, informan al ciudadano de los hechos, le ayudan a formar su criterio y hacen posible que pueda tomar sus decisiones en libertad.

Y en un día como hoy, cuando queda escasamente un mes y medio para que se cumpla el 40 aniversario de nuestra Constitución, no quiero dejar de destacar lo que su ratificación por el pueblo español supuso para la libertad de información y, en consecuencia, para la profesión u oficio del periodismo.

Durante estas cuatro décadas, el periodismo comprometido con la democracia y las libertades ha sido en España un baluarte de nuestro Estado social y democrático de Derecho, que ha contribuido a su consolidación y desarrollo informando a los ciudadanos, favoreciendo la creación de una opinión pública formada e independiente, y haciendo partícipe al conjunto de la sociedad del desarrollo colectivo de nuestro país.

Los valores democráticos de nuestra Constitución nos deben guiar en la salvaguarda y protección del derecho a una información veraz y rigurosa, uno de los elementos clave que está en la base de nuestra convivencia y de nuestro progreso cultural, económico y social.

Enhorabuena a Rubén Amón. Gracias al jurado, con su presidente, Víctor Calvo Sotelo, a la cabeza, por su labor; así como al BBVA, representado aquí por su presidente, Francisco González, por su generoso apoyo y patrocinio.

Finalmente, gracias y felicidades a la Asociación de Periodistas Europeos, por fomentar –también con este premio− el mejor periodismo.

Muchas gracias a todos.

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