Palabras de Su Majestad el Rey en el acto de entrega de la XXXIV edición del Premio de Periodismo «Francisco Cerecedo»

M​uy buenas noches a todos y… gracias. Gracias, como Presidente de Honor de la APE, por vuestra presencia y compañía nuevamente en esta cita clásica con el periodismo español y europeo en la que tenemos el gusto y el honor de entregar el Premio de Periodismo Francisco “Cuco” Cerecedo; una convocatoria que representa el reconocimiento y el fomento de ese periodismo de calidad que se fundamenta y desarrolla en el ámbito de los mejores valores.

Son muchos los años que llevo ─que llevamos─ acudiendo a esta cena y celebración, encontrándonos con muchos de vosotros de año en año, y conociendo de vuestra mano la mirada experta de una actividad profesional ─de un oficio─ que incide sin duda en la visión que los ciudadanos tienen o se construyen de la realidad, de la actualidad social, política, cultural o económica. Siempre es un placer compartir con vosotros este momento que cada otoño/invierno la Reina y yo esperamos con verdadero interés y afecto.

En esta trigesimocuarta edición, el Premio lo recibe Florencio Domínguez, un periodista y escritor que ha desarrollado su carrera en la agencia de noticias Vasco Press y a través de colaboraciones habituales en otros medios como La Vanguardia, El Correo o Diario de Navarra. Además de ocuparse de la noticia “en caliente”, como decís vosotros, el premiado ha escrito libros de análisis sobre el terrorismo de ETA, esa lacra que en España padecimos durante décadas, que está en la memoria de todos, y cuyas heridas aún perduran en las vidas de muchos. Enhorabuena y muchas felicidades por este merecido galardón.

El Jurado ha reconocido en Florencio “a quienes combatieron el fanatismo con la palabra y la razón” y nos han impulsado hacia una sociedad firme y estable que supera las dificultades que se le plantean y que, en lugar de olvidar los padecimientos sufridos, intenta aprender de ellos. Aprender para mejorar en convivencia, como sociedad abierta; en solidez, sobre valores universales; y, también, para mejorar o contrastar nuestras ideas y actuaciones como individuos.

Precisamente, creo que esta misma enseñanza es la que nuestro país puede aportar a otros muchos y, en estos momentos, a naciones hermanas que en toda Europa han sufrido y sufren ─también con nosotros─ el terrorismo. Un terrorismo diferente al que los españoles sufrimos antes y durante décadas; un terrorismo distinto en cuanto a sus pretendidas justificaciones siempre irracionales, pero igualmente abyecto e inadmisible como fenómeno totalitario y cobarde que atenta contra la vida y la integridad de las personas en cualquier parte del mundo; un terrorismo que con inteligencia y cooperación eficaces, con la perseverancia del imperio de la ley y con la fortaleza de nuestros valores humanos y democráticos, derrotaremos y venceremos, como ya logramos hacer con el que tanto padecimos en España.

En esta ocasión, quiero también resaltar la función que desempeñáis los periodistas en una sociedad global donde la comunicación se difunde a la velocidad de la luz. Cambian los soportes, aumentan los canales de información y, en ocasiones lamentablemente, también los de desinformación. Pero, pese a ello, permanece invariable ─o incluso crece─ la necesidad de rigor y profesionalidad, sin que quepan renuncias o deserción alguna en favor de los algoritmos.

Como se advierte desde hace tiempo desde el mundo académico, debemos ser más conscientes de la diferencia entre la sociedad de la información en la que estamos inmersos, y una verdadera “sociedad de la comprensión” en la que se haga comprensible, inteligible, y asumible para los ciudadanos el ingente cúmulo de datos e informaciones que se reciben en cada momento, en cada hora, en cada día.

Más información no es necesariamente sinónimo de mejor o mayor entendimiento de la realidad; por el contrario, los volúmenes informativos a los que estamos sometidos –y que muchas veces saturan la demanda- a menudo ocultan, distorsionan o hacen difíciles de entender sus significados o incluso la realidad de los hechos.

En este sentido ─y en este complejo escenario─, la labor de un periodismo responsable, riguroso y ético, que contribuya con honestidad a desentrañar la información y los datos, se convierte en un nuevo reto para vuestra profesión y una oportunidad para los medios de comunicación en el siglo XXI; se convierte en un servicio fundamental en beneficio de los ciudadanos y de la salud democrática de nuestras sociedades.

Porque, hoy como siempre, es de vital importancia un periodismo comprometido de modo irrenunciable con la defensa de las libertades públicas y de las individuales en todas sus dimensiones. Un periodismo que persiga la verdad, que se nutra de ella y que se deba a ella; que acepte las discrepancias y que sea capaz de registrar las emociones sin traicionar el reconocimiento de la realidad. Ese es el periodismo que representa hoy nuestro premiado, al que se aferró para informarnos del terrorismo sobreponiéndose a las amenazas y coacciones en unos momentos en los que el periodista arriesgaba en cada crónica.

Termino ya estas palabras agradeciendo a la Asociación de Periodistas Europeos su compromiso con los valores de un periodismo libre y responsable; e igualmente, agradecemos todos al patrocinador del Premio, el Banco BBVA, su apuesta por este Premio que tanto contribuye a defenderlos, como bien lo demuestra la obra y la trayectoria de Florencio Domínguez.

Muchas gracias.

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