Sentimiento y libertad, por Olga Pérez Arroyo

Sin duda es un artista a la hora de conducir los sentimientos con libertad. Hace de la iniciativa libre su vida, y su obra es ambivalente porque Anciones va a su aire y hace siempre lo que le da la gana.

Anciones es un hombre entrañable y ha conseguido lo que muchos hubieran creído imposible. Logró acercar al escritor antitaurino Manuel Vicent a los toros, llevándole a Las Ventas; anécdota que el pintor cuenta con mucha gracia, alegando que su amigo Vicent parecía un monje sueco admirando la arquitectura de la Monumental, pero a la vez conocía bien donde había que adquirir las almohadillas.

Hay muchos hechos curiosos en su vida. Él es un hombre sencillo, y en la inauguración de sus exposiciones, eso se puede comprobar. En estas reuniones invita siempre a una amalgama de personajes de diferentes estados sociales y económicos, que nada tienen que ver los unos con los otros; a él le gusta invitar al dueño de la taberna donde va a tomarse a diario unos chatos de vino, le encanta que en días señalados esté su amigo el quiosquero y además hace partícipe en el evento al gran aficionado Juan Brunel, al que ha pintado vestido de picader.

Onésimo Anciones es así y su pintura es el reflejo de su personalidad, es el libre albedrío alegórico por antonomasia, mezcla de templanza y honestidad, siempre dictada por su conciencia para captar los momentos fugaces de cada faena de la lidia.