Trump incendia Irán con su retirada del acuerdo nuclear y asesta un estacazo a Europa, por Pedro González

Artículo publicado originalmente en El Debate de Hoy por Pedro González el 11 de Mayo de 2018

Millones de euros se han evaporado por la retirada de Trump del acuerdo nuclear con Irán. O Europa se erige en interlocutor independiente o quedará herida de muerte en la dura partida geoestratégica que se juega en los grandes frentes del mundo.

Adiós a los cien aviones Airbus con los que iba a modernizarse la compañía iraní de bandera IranAir. Tampoco será viable la instalación de una refinería en Algeciras financiada con petróleo iraní. Impensable ya desarrollar los servicios bancarios y de seguros con matriz europea en Teherán. Decenas de grandes negocios, contratos y cientos de miles de millones de euros en perspectiva se han evaporado de golpe y porrazo por la decisión del presidente de Estados Unidos de retirarse del acuerdo nuclear con Irán.

Esa ruptura cumple una promesa capital del programa de Donald Trump, sostenido ahora por los nuevos halcones incorporados a su círculo de poder: el secretario de Estado, Mike Pompeo, y el asesor nacional de Seguridad, John R. Bolton.

El Plan de Acción Integral Conjunto (JCPOA, en sus siglas en inglés), que así se denomina oficialmente el acuerdo firmado en 2015, fue el fruto de las duras sanciones aplicadas progresivamente a Irán desde 2009 y de las arduas negociaciones sostenidas por el régimen de los ayatolás con los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU: Estados Unidos, Reino Unido, Francia, Rusia y China, además de Alemania y de la propia Unión Europea en conjunto.

A cambio del levantamiento de aquellas duras sanciones económicas, Irán renunció a su carrera por dotarse de armas nucleares, en principio hasta 2025. Un acuerdo que, en palabras de la jefa de la diplomacia europea, Federica Mogherini, “no se basaba en la buena fe ni en la confianza sino en compromisos concretos, mecanismos de verificación y controles muy estrictos, realizados por el Organismo Internacional de la Energía Atómica (OIEA)”.

El alborozo que provocó la firma de aquel pacto, tanto en la administración americana de Barack Obama como en las cancillerías europeas, fue condenado desde el principio por el entonces candidato a ocupar la Casa Blanca, Donald Trump, el reelegido primer ministro de Israel, Benjamin Netanyahu, e incluso por quien se convertiría enseguida en el hombre fuerte de Arabia Saudí, el actual príncipe heredero Mohamed Bin Salman.

Por razones diversas, los tres países vuelven ahora a arrinconar a Irán: Estados Unidos e Israel, porque quieren cercenar no solo la amenaza sobre la existencia misma del Estado judío de un Irán nuclear; Arabia Saudí, porque contempla una ocasión quizá definitiva de imponer su legitimidad sobre todo el Islam frente a la “herejía chíi” de un Irán con similares aspiraciones.

Recordando las armas de destrucción masiva

Pretextando el presunto incumplimiento por parte de Teherán de los términos del acuerdo, Trump prefiere creer a Netanyahu, que esgrimió supuestos informes de sus servicios secretos, que a los inspectores y científicos del OIEA, que han efectuado hasta diez comprobaciones exhaustivas desde la entrada en vigor del acuerdo. Inevitable, pues, recordar las nunca halladas armas de destrucción masiva, con las que George W. Bush justificó su intervención en Iraq.

La Unión Europea trata de mantener el acuerdo en vigor y minimizar al máximo el destrozo que va a suponerle la reinstauración de las sanciones económicas a Irán “al más alto nivel” por parte de Donald Trump. El estacazo colateral es de tales proporciones que solo tiene dos posibles respuestas: o bien Europa cree en sí misma y se erige de verdad en el interlocutor independiente, o bien quedará herida de muerte como actor poderoso en la durísima partida geoestratégica que se está jugando en los grandes frentes del mundo, Oriente Medio en especial.

Desde que John Kerry y Mohamed Yavad Zarif firmaran el acuerdo en 2015 (se llegó a solicitar la concesión del Nobel de la Paz para ambos), no se había vuelto a oír en Teherán el mantra “¡Muerte a América!”, que jalonara durante un cuarto de siglo cualquier acto público en Irán. El miércoles volvió a proferirlo en la sede del Parlamento iraní Moytaba Zolnurí, jefe del comité nuclear del país, antes de proceder él mismo a la quema de la bandera norteamericana.

Resurgen los radicales, pierden los reformistas

Es el síntoma de que los más extremistas se van a imponer en la política doméstica iraní, de manera que cabe augurar grandes convulsiones, represión de la disidencia y eliminación de cualquier signo aperturista. El régimen islámico se hará más duro e intransigente y, apoyado en la adhesión del pueblo ante el enemigo exterior, podría emprender acciones desestabilizantes de consecuencias devastadoras.

El incendio podría avivarse en Líbano, la destrozada Siria, Iraq y Yemen. Donald Trump tiene seguramente en mente conseguir que Irán se avenga a negociar un nuevo acuerdo nuclear, pero en el que incluiría la prohibición de que Irán se dote de armas convencionales de largo alcance. Tales misiles balísticos convencionales son la verdadera obsesión de Israel, más que la presunta bomba atómica que Irán, según Netanyahu, estaría construyendo en secreto.

Con esa cláusula, Trump preservaría la hoy incuestionable hegemonía militar israelí en la zona, resguardada además por su más que presunto, aunque no verificado nunca internacionalmente, arsenal nuclear. Pero, ¿quién puede confiar en lo que firme el presidente de un país que se salta los compromisos adquiridos, sea respecto del terrorífico cambio climático, el Tratado Transpacífico o este acuerdo nuclear tan larga y duramente negociado por todas las grandes potencias?

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