Trump pondrá el mundo patas arriba, por Pedro González

Artículo originalmente publicado en Fundación Emprendedores el 17 de Enero de 2017

China emerge como el adversario predilecto de unos EE UU aliados a Rusia, y una Europa cada día más irrelevante

La entronización de Donald Trump como el hombre más poderoso de Estados Unidos, y por lo tanto del mundo, podría compararse a la caída de Constantinopla en 1453. Los historiadores fijan en esa fecha precisa el final de la Edad Media y el comienzo de la Moderna. Con Trump podría establecerse un momento histórico fijo entre el final de la Edad que hemos llamado Contemporánea y la que será bautizada más o menos como la del renacimiento de China y Asia como civilización preponderante.

Antes de jurar su cargo, el 45º presidente de Estados Unidos ha fijado con gran claridad sus prioridades, fijaciones personales y sus pautas futuras de comportamiento. Dibuja un competidor-enemigo en el horizonte: China, a quién se propone cortar las alas de expansionismo territorial y competitividad comercial. Será una confrontación brutal, porque Pekín no va a dejarse intimidar fácilmente. El presidente Xi Jinping tiene también muy claro que su país debe consagrar su liderazgo en Asia, y convertirse de paso en la única superpotencia capaz de confrontar el supuesto poder omnímodo de Estados Unidos. Tampoco se asustan los dirigentes chinos de las primeras amenazas de la futura Administración americana, a la que advierte de “consecuencias devastadoras”.

A Pekín no parece disgustarle tampoco que Trump se cargue el TPP, el Tratado de Libre Comercio entre las dos orillas del Pacífico. Supone que ello le deja vía libre para que China establezca con mayor libertad sus intercambios comerciales con América Latina. Por si fuera poco, el ostensible desprecio que Trump exhibe hacia México, y por ende el poco aprecio que tiene por el continente latinoamericano, ofrece a Pekín una oportunidad pintiparada para hacerse con las simpatías de sus habitantes y aumentar considerablemente su influencia. La pasada gira de Xi Jinping en noviembre se saldó con la firma de numerosos acuerdos por un monto equivalente a los 250.000 millones de dólares.

Las pulsiones proteccionistas de Trump también afectarán a África, continente en el que China ha conquistado importantes posiciones, de las que no será fácil desalojarla. Se ha asegurado, además, cientos de miles de kilómetros cuadrados de tierra fértil, en las que cultivar los alimentos que pudieran escasear en la propia China.

En este esquema de confrontación con China Donald Trump cuenta con establecer una fuerte alianza con Rusia, a la que levantará las sanciones impuestas por su predecesor, Barack Obama, y sus aliados de la Unión Europea. Trump repondrá asi a Vladimir Putin en el papel de líder de igual a igual, lo que colmará el principal anhelo del presidente ruso: recuperar el papel de gran superpotencia de Rusia, perdido con la caída y desintegración de la Unión Soviética. Con Estados Unidos y Rusia aliados, ambos pueden manejar con superioridad aplastante el mercado petrolífero, lo que minorará fuertemente la influencia de los países del Golfo Pérsico ( o Arábigo) en el suministro de la que sigue siendo principal fuente de energía mundial.

Mientras todo esto sucede, en la Unión Europea sus distintos integrantes se debatirán seguramente en si seguir la senda del Brexit, emprendida por el Reino Unido o bien recuperar la consciencia y darse cuenta de que si no aumentan decididamente la integración, tanto individual como colectivamente, terminarán irremisiblemente en la irrelevancia.

Trump ya ha elegido sus preferencias, al elogiar tanto el Brexit como a su líder, Theresa May, y calificar de “grave error” la política de acogida de refugiados de la canciller alemana Angela Merkel. En la entrevista conjunta concedida al rotativo británico The Times y al germano Bild Zeitung el presidente norteamericano no solo califica de “genial” el Brexit sino que también augura que otros países de la UE harán lo mismo. Para sembrar más cizaña, Trump se muestra impaciente por encontrarse con la primera ministra May, a fin de negociar rápidamente un tratado comercial bilateral con el Reino Unido.

Respecto de la UE en sí misma, Trump no se muerde la lengua en acusarla de ser grosso modo un instrumento para la hegemonía alemana. Insiste en que la política migratoria de Merkel es la causante directa del abandono de la UE por parte del Reino Unido. Lanza también otra pedrada contra la OTAN, organización a la que califica de “obsoleta”. O sea, que los europeos vayan dándose cuenta de que se acaba el chollo de jugar al antiamericanismo de salón y que sean los Estados Unidos los que paguen su defensa e incluso pongan los muertos en muchos casos.

La firmeza que exhibe Trump en la aplicación de sus propósitos van a poner sin duda el mundo, tal y como lo conocemos, patas arriba. ¿Dónde quedan ahora tantas y vociferantes manifestaciones de la izquierda europea y los ecologistas europeos contra el TTIP, el Tratado Transatlántico de Comercio e Inversiones. Ha sido Trump, que no aquellas manifestaciones a lo largo y ancho de toda Europa, los que se lo han cargado. Pues, bien ¿y ahora qué?

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