Daniel Gascón durante la laudatio

Laudatio de Daniel Gascón a José Antonio Zarzalejos en la entrega del XXII Premio de Periodismo Diario ‘Madrid’

Destacó el «temple moral» y la «solidez intelectual» de Zarzalejos, dos cualidades que, a su juicio, se han manifestado a lo largo de una trayectoria marcada por el «coraje cívico» y el «rigor periodístico».

Admiro a José Antonio Zarzalejos por dos tipos de razones. Unas tienen que ver con el temple moral y otras tienen que ver con la solidez intelectual. A lo largo de su trayectoria ha ofrecido numerosos ejemplos de esas dos cualidades: el coraje cívico, por un lado; el rigor periodístico, por otro.

José Antonio Zarzalejos nació en Bilbao en 1954. Es periodista y abogado y proviene de una familia marcada por la vinculación con la escritura y con las leyes. Licenciado en Derecho y ex letrado de la Diputación Foral de Vizcaya, empezó escribiendo columnas. Inicialmente se escondía detrás de algún seudónimo: el más constante, pero no el único, es Vicente Copa. Siguiendo esa pendiente resbaladiza, Zarzalejos se convirtió en periodista. Es decir: decidió complicarse la vida. Y en un contexto muy difícil.

El desarrollo posterior ya lo sabemos: la vocación de la escritura pudo con la vocación de abogado. Se integró en la redacción de El Correo EspañolEl Pueblo Vasco, donde fue director adjunto y luego director. Fue director de ABC en dos periodos distintos, así como director editorial del grupo Correo. Es columnista y presidente del comité editorial de El Confidencial, ha recibido numerosos premios y es autor de libros extraordinariamente perspicaces sobre política española. Entre ellos están Contra la secesión vasca, la vibrante pieza en primera persona La destitución. Historia de un periodismo imposible, o el más reciente, La huella de Sánchez.

Crónicas de un analista político, un libro de 1989, recogía esas columnas iniciales. En ocasiones hablan de cuestiones que pueden resultarnos un tanto lejanas, casi arcanas. Pero son interesantes por muchos factores. Sobre todo, porque intentan articular una posición, digamos que de centro derecha, pero no solo, comprometida con la democracia y con la Constitución, que se oponía a la violencia y a su chantaje, y también a que la cosmovisión nacionalista se convirtiera en el marco desde el que se juzgaba todo por defecto.

Esa posición implicaba costes y un riesgo personal elevado. Frente a la amenaza del terrorismo de ETA, mostró un valor cívico admirable.

Cuando se marchó a Madrid para dirigir ABC, también se terminó complicando la vida. A pesar de las presiones políticas de sectores del Partido Popular, Zarzalejos no quiso que ABC se apuntara a la teoría de la conspiración del 11-M, y esto le acabó costando el puesto.

A veces el periodismo es, como dicen que decía Orwell, publicar lo que alguien no quiere que publiques, pero otras veces puede ser no publicar algo que alguien quiere que publiques.

La trayectoria de Zarzalejos muestra que, a menudo, la libertad requiere atreverse a estar solo. No únicamente ante los supuestos adversarios, que también, sino ante los de tu bando, ante la avidez del poder, el embate del sectarismo (que a veces actúa como un mamut y a veces como la carcoma) o el temor de la empresa.

Daniel Gascón durante la laudatio

Escribe Zarzalejos: “en el periodismo hay que desarrollar un instinto cimarrón, solitario y hasta adusto, porque es la única forma de establecer un perímetro sanitario frente al poder político y económico y -lo que es más importante- frente a los editores”.

Otra cosa fundamental de José Antonio Zarzalejos es su solidez. Es un hombre riguroso, serio, fiable, a quien le preocupan la precisión, el respeto a las normas y las leyes. Tiene un compromiso con las instituciones democráticas y le desasosiega su degradación. Ese espíritu riguroso, a veces casi severo, se traslada a sus columnas. Sus argumentaciones siempre están bien informadas y pensadas. Llevas toda la semana leyendo artículos sobre un tema, y llega el domingo y hay una columna de Zarzalejos y sabes que ese texto hay que leerlo.

Quien coincida con sus ideas debería leerlo. Y quien no coincida con ellas debería hacerlo con más razón todavía.

Tiene sus especialidades. Pero en otros temas también sabe encontrar una fuente autorizada y esclarecedora.

Zarzalejos ha dado muchas noticias tanto en su labor como director como en la de periodista a secas. Una de las más célebres es la exclusiva de la abdicación de Juan Carlos I, pero este verano fue quien contó que, tras la avalancha migratoria de Ceuta, el Gobierno había rechazado convocar el Consejo de Seguridad Nacional.

Yo diría que sobre todo es un periodista de ideas. Es alguien que incorpora el conocimiento legal y la mirada del derecho: como dice el cliché, una de esas personas que tiene el Estado en la cabeza. Y, al mismo tiempo, es alguien que alberga una vocación por entender procesos nuevos y traer ideas al debate público. Esto lo vemos en sus libros o en su concepción de la evolución histórica. Se detecta muy claramente cuando escribe de la monarquía, pero es una constante. Otro ejemplo: cuando ocurrieron los hechos de Ceuta, él entrevistó al historiador Juan Francisco Fuentes sobre la importancia que había tenido la relación con Marruecos en la política española en el último siglo y medio.

Ese afán también se manifiesta en la curiosidad. Yo creo que los mejores escritores de periódicos, o al menos los que a mí más me gustan, son grandes lectores de periódicos. Alguien que sea verdaderamente riguroso tiene que conservar la curiosidad, y Zarzalejos lo hace.

Hay otros factores que hacen que este premio Diario Madrid me parezca muy acertado. Uno de ellos es la vinculación del galardonado con medios regionales y después medios nacionales, con periódicos de una larga trayectoria, familiar, y otros de nueva creación. Ese recorrido le ha dado una visión privilegiada sobre la industria y sus cambios.

Ha escrito:

“En los años ochenta lo teníamos claro los periodistas: había que pelear por la libertad, por la democracia. En los noventa, empezaron a cambiar las cosas porque nos dijeron que teníamos que ser versátiles, y por lo tanto multimedia -teníamos que hacer una pieza para el periódico, un total para televisión, una intervención para radio-. Y ahora, desde el cambio de siglo y con la irrupción de la tecnología, la pelea del periodismo es por la fiabilidad, por la veracidad, por la verificación”.

Los problemas son nuevos y eternos al mismo tiempo: la bulimia del poder, la escasez de la atención, la transformación tecnológica y sus implicaciones económicas. Los asuntos centrales son los de siempre: la libertad, la pasión por la exactitud y la convicción de que la prensa debe fiscalizar al poder y no al revés. En ese terreno la labor de José Antonio Zarzalejos es un ejemplo iluminador.

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