Miguel Ángel Aguilar en el acto conmemorativo del cierre del diario Madrid

Entrevista a Miguel Ángel Aguilar: «El periodismo se anticipó a la Transición en muchas cosas»

El periodista atiendió a 20minutos por el 50 aniversario del cierre del Diario Madrid por parte de la dictadura franquista.

El despacho de Miguel Ángel Aguilar es amplio, lleno de libros por los cuatro costados, y él, de hablar tranquilo, los consulta cuando tiene alguna duda que resolver, cuando quiere puntualizar una respuesta o cuando busca sumar un dato a una explicación. Aguilar atiende a 20minutos entre esas paredes con motivo del 50 aniversario del cierre del Diario Madrid por parte de la dictadura de Francisco Franco, y habla de la libertad de prensa, de la relación entre el periodismo y la política y de cómo han cambiado ambos con el paso de los años.

¿Qué era y qué implicaba para la sociedad el Diario Madrid?

Era un periódico vespertino, como Informaciones y como Pueblo, que era de los sindicatos. Informaciones estaba sostenido por cuatro bancos. El Diario Madrid surgió el 8 de abril de 1939, diez después de la entrada en la ciudad de las fuerzas franquistas y se improvisó sobre las instalaciones y los talleres de El Heraldo de Madrid, que fue incautado como fueron incautados tantos otros. Esa estructura le fue entregada a un periodista furibundamente franquista, Juan Pujol. El 13 de enero de 1962 fue adquirido por la sociedad FACES a cuya presidencia accedió en 1966 Rafael Calvo Serer, que nombra director a Antonio Fontán. Es el intento de explorar hasta dónde se puede llegar con la ley de prensa de Fraga, que había salido en marzo de 1966.

¿Y qué sucede con esa ley?

Se considera un gran avance porque deroga la anterior, dictada el 23 de abril de 1938 en plena Guerra Civil, que definía la prensa como una institución al servicio del Estado, establecía la censura previa y la facultad de imponer la publicación de textos o de editoriales. Era de doble llave. Todo eso se acababa formalmente con la nueva ley de Fraga. En teoría era la libertad, pero en artículo 2º establecía un sistema de sanciones que podía imponer directamente el Ministerio a las empresas editoras, pero también a los periodistas y tres sanciones les incapacitaban para acceder a un puesto de dirección.

¿Y qué pasó?

Que el Diario Madrid en la exploración de esos límites pereció. La enemistad del régimen se la ganó por falta de calor en el elogio a Franco. No soportaban nuestra falta de entusiasmo con el régimen. Y además el periódico era un sitio donde las fuerzas de oposición (la universidad o los obreros) tenían acogida.

Usted cuando cierran el diario era corresponsal en Londres. ¿Cómo vive aquella fecha del 25 de noviembre de 1971?

Me había ido hacía unos meses y habíamos dejado establecida la sociedad de redactores del periódico, que tenía que ser consultada sobre la línea editorial y en caso de venta del diario. Me voy a Londres y en octubre aparece allí el ministro de Información y Turismo, Alfredo Sánchez Bella. Era evidente que estábamos en vísperas del cierre del periódico, que ya había sido cerrado en 1968 por cuatro meses a raíz de un artículo titulado ‘Retirarse a tiempo: no al general De Gaulle’, que aquí se entendió como si su título fuera ‘Retirarse a tiempo: no al general Franco’. En la residencia del embajador, marqués de Santa Cruz el ministro nos dice que el periódico se va a cerrar porque hay algunas irregularidades en los accionistas. Le pedimos que no lo cerraran, pero no valió para nada. Recuerdo la desolación porque nos quedábamos completamente descolgados.

En 1971 quedaban cuatro años para la muerte de Franco. ¿Hay alguna sensación de que la dictadura agoniza?

No. La sensación de agonía de la dictadura se establece cuando cunde la primera flebitis de Franco. Es más, cuando se hablaba sobre qué pasaría después de Franco algunos franquistas repetían que después de Franco, las instituciones. Pero eran unas instituciones caducas. En 1971 sabíamos que el régimen no era prorrogable más allá de la muerte de Franco, pero no sabíamos cuánto le quedaba aún.

Entrando ya en la democracia, ¿el periodismo ha ido avanzando a la vez que la sociedad?

Se influyen mutuamente, pero no van sincronizados. El periodismo se anticipó a la Transición en muchas cosas, y luego, a veces, ha sido una rémora. En ocasiones se cumplía con el periodismo aquello de que la naturaleza copia al arte. Por ejemplo, hablábamos de partidos políticos cuando no los había, pero acabaron por aparecer. Luego, en muchas ocasiones, el periodismo ha sido esclavo.

¿Es el periodismo el cuarto poder?

El cuarto querer y no poder. Tiene una capacidad de modificar la vida pública, pero no es indeterminada ni está garantizada. En ocasiones deja de cumplir con eso.

¿Ahora se hace mejor o peor periodismo?

Se hace mejor y se hace peor, conviven. Además de la calidad puramente propia de la materia están las ventajas que ofrecen los avances tecnológicos. De Voltaire para acá la aparición del teléfono o de las redes sociales acortan la distancia temporal entre los hechos y su difusión pública. Esto hace que la gente ya sea también emisora de lo que observa. Ahora bien, esas modificaciones no son en absoluto garantía de mejora.

¿Qué piensa cuando ahora se banaliza el término censura?

Es verdad que hay una banalización. A mí que no me digan que las cosas no han cambiado, porque ha cambiado: ahora no se cierra un periódico. Y yo he estado procesado por escribir artículos.

Si tuviera que dar un consejo a un estudiante de Periodismo, ¿cuál sería?

Que nada sustituye la inmersión en los acontecimientos.

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