«La verdadera suerte es nacer en Europa». Palabras de la presidenta del jurado del XXIX Premio Madariaga durante la ceremonia de entrega

Palabras de Isabel García Tejerina en la ceremonia de entrega del XXIX Premio de Periodismo Europeo 'Salvador de Madariaga'

Rector Magnífico de la Universidad de Burgos, Excelentísimo presidente del Senado, autoridades, presidente y secretario de la Asociación Europea de Periodismo, premiadas, miembros del jurado, señoras y señores.

Empiezo mis palabras agradeciendo:

A la Universidad de Burgos por acogernos, y hacerlo en este Hospital del Rey, que fue Camino de Santiago: “la Calle mayor del viejo continente” que entorno a la fe cristiana trajo gentes, ideas, oficios, comercio, arte y arquitectura europeas. Vía de civilización, arteria de la cohesión europea, declaró el Consejo de Europa sobre el Camino de Santiago. Símbolo de fraternidad y vertebrador de una conciencia europea, el Premio Príncipe de Asturias de la Concordia.

Gracias al presidente y al secretario de la Asociación de Periodistas Europeos por premiarme a mí también, concediéndome el honor de presidir el jurado de los Premios de periodismo Salvador de Madariaga, gracias por situarme junto a tantas personas de la talla de quienes me precedieron. Lejos de haber contribuido a su mismo nivel, a laboriosa construcción de nuestra actual Unión Europea, me siento agradecida de que mi vida profesional me haya permitido tan siquiera ayudar a colocar uno de los tantos ladrillos con los que edificamos, desde 1951 y aún hoy, Europa.

Construir es arduo. Levantar grandes edificios no es fácil. Burgos bien lo sabe, recién cumplido el octavo centenario del inicio de una de las más impresionantes catedrales que nos haya regalado la cristiandad.

Más fácil es destruir.

Por ello es un buen momento para releer a Stefan Zwieg, en su libro “El mundo de ayer, Memorias de un europeo”:

“Si busco una fórmula para definir la época de antes de la Primera Guerra Mundial, la época en que crecí y me crié, fue la edad de oro de la seguridad.

El propio Estado parecía la garantía suprema de la estabilidad. Los derechos que otorgaba a sus ciudadanos estaban garantizados por el Parlamento, representación del pueblo libremente elegida, y todos los deberes estaban exactamente delimitados.

Todo lo radical y violento parecía imposible en aquella era de la razón.

Se miraba con desprecio a las épocas anteriores, como a un tiempo en que la humanidad aún era menor de edad y no lo bastante ilustrada.

Nuestros padres creían que las fronteras y divergencias entre naciones y confesiones se fusionarían poco a poco en un humanismo común y que así la humanidad lograría la paz y la seguridad, esos bienes supremos.

El progreso técnico debía ir seguido necesariamente de un progreso moral igual de veloz.

Nosotros, en el nuevo siglo (refiriéndose ya al siglo XX) hemos aprendido a no sorprendernos ante cualquier nuevo brote de bestialidad colectiva.

Antes de la guerra había conocido la forma y el grado más altos de libertad individual y después, su nivel más bajo desde siglos:

He visto nacer y expandirse ante mis propios ojos las grandes ideologías de masas: el fascismo en Italia, el nacionalsocialismo en Alemania, el bolchevismo en Rusia y, sobre todo, la peor de todas nuestras pestes: el nacionalismo que envenena la flor de nuestra cultura europea.”

Así pues, aun no exentos de dificultades, debemos felicitarnos por vivir tiempos de construcción europea.

Y no dejar de recordar tampoco al filósofo francés Jean Pucelle cuando dice que:

“Se necesita más fuerza y habilidad para conservar que para lograr”.

Los europeos donamos al mundo la democracia, el estado de derecho, el humanismo, la ilustración, la ciencia y la revolución industrial, todos ellos catalizadores del progreso y del bienestar lo que, de alguna manera, supuso su occidentalización.

El Tratado de la Unión Europea, en su artículo segundo, establece que la Unión se fundamenta en los valores de respeto a la dignidad humana, libertad, democracia, igualdad, Estado de derecho y respeto de los derechos humanos, incluidos los derechos de personas pertenecientes a minorías.

Y el artículo tercero nos indica la finalidad de la Unión Europea:

“Promover la paz, sus valores y el bienestar de sus pueblos”.

Aunque seguramente desconozca el Tratado de la Unión Europea, hace unos días, uno de mis sobrinos que no ha cumplido aún los 14 años, lo sintetizó perfectamente:

“La VERDADERA SUERTE es nacer en Europa”.

Leemos, oímos recurrentemente que vivimos tiempos en que se está estableciendo un nuevo orden mundial. La “deseuropeización” del mundo para muchos. Por lo tanto, un momento crucial para la construcción europea, para nuestro devenir, para el papel de la Unión en el mundo futuro que se configura.

Es mucho lo que hemos logrado, mucho por tanto lo que trabajar para preservarlo. En estos tiempos confusos e inestables, con nuevos equilibrios por definir, si algo debiéramos tener por cierto los europeos es que los grandes desafíos mundiales son enormes para todos estando juntos, e inabordables por separado.

El Brexit, el Covid, la brutalidad rusa nos han puesto a prueba y hemos sabido responder unidos, demostrándonos que la integración europea es un bien común.

Hoy premiamos a tres mujeres por su contribución desde el periodismo:

En la convocatoria de radio, a Maria Carou de Radio Nacional de España.

En la de televisión a Almudena Ariza, de Televisión Española.

Y en la de presa escrita a Laura García, de Europa Press.

A las tres sincera y merecida enhorabuena. El premio refleja el valor y el compromiso de vuestro trabajo. Y también, doy fe de ello, el cariño y la admiración de vuestros compañeros de profesión. Os deseo la misma ilusión, la misma vocación y bienhacer para vuestro futuro.

Quizá no esté de más terminar recordando que la admirada Transición española, nos trajo la democracia que nos abrió las puertas de la ansiada Europa.

La Europa que tanto nos ha ayudado en nuestra transformación política, social y económica, en nuestra apertura al mundo.

Y terminar poniendo también en valor la contribución de España al proceso de construcción europea. Proceso permanente, inacabado porque debemos, siempre, aspirar a más Europa: Ampliando fronteras, añadiendo políticas comunitarias, profundizando en las existentes, siempre avanzando y trabajando por preservar, en este mundo cambiante, nuestros valores, el ingente legado de Europa al mundo, lo que pasa por poner cada día en valor a la UE, pues no hay mayor riesgo para la democracia que darla por sentada.

Gracias a la Asociación de Periodistas Europeos, a todos los periodistas comprometidos con los valores europeos, recordando que se requiere de libertad para poder decir, y también, que se requiere de veracidad para poder ser libres.

Enhorabuena a María, a Almudena y a Laura. Gracias a Iberdrola por hacer posible esta vigésimo novena edición del Premio de Periodismo Europeo Salvador de Madariaga. También a todos ustedes muchas gracias.

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