No disparen al periodista, por Pedro González

Ni una sola democracia en el mundo se ha sostenido sin el contrapoder de medios de información libres e independientes. Por el contrario, ni un solo régimen totalitario ha respetado nunca la libertad de expresión, antes bien la ha ahogado hasta el punto de cercenar toda esperanza de alternancia en el poder, aumentando progresivamente la represión contra el más mínimo atisbo de amenaza a la tiranía o a quienes la encarnan.  

Son malos tiempos para la libertad de prensa, si es que alguna vez lo fueron buenos. Se cumplen ya treinta años desde que la UNESCO instituyera el 4 de mayo como Día Mundial de la Libertad de Prensa, y lo que cabe constatar es que esa libertad está amenazada por los mismos que debían ser sus garantes. Los numerosos informes que se publican estos días, entre los que el más conocido es el de Reporteros Sin Fronteras, subrayan “el preocupante deterioro del apoyo y respeto a los medios de información, al tiempo que aumentan las presiones que ejercen los Estados y otros actores políticos sobre ellos”. 

El periodista ha sido siempre un personaje visto con desconfianza y recelo. Recuerden el interés de los que ejercen este oficio porque los suyos no tengan que pasar por el trance de su vergüenza social: “No le digas a mi madre que soy periodista; dile que toco el piano en un burdel…”

Pero, resulta que es personaje imprescindible, porque sin su testimonio directo de los hechos, o la recogida e investigación implacable de los mismos, su contextualización y su capacidad para unir pistas aparentemente inconexas, la ciudadanía no tendría más información que el pienso suministrado por el poder. De ahí, la sobria definición de noticia como todo aquello que alguien tiene interés en que no se sepa. 

Este año, una vez más, la profesión registra el mayor número de asesinatos, desaparecidos y encarcelados. Más de un centenar de los que han perdido la vida lo han hecho en la guerra de Gaza. Todos ellos eran periodistas palestinos, a los que la UNESCO ha concedido el Premio Mundial de Libertad de Prensa “por su valentía y compromiso con la libertad de expresión”, galardón agradecido por la Federación Internacional de Periodistas como “la demostración de que el mundo no los ha olvidado y rinde así homenaje a su sacrificio por la información”. 

Además de la triste estadística de los periodistas muertos en auténtico acto de servicio, hay que destacar que 521 profesionales de los medios comenzaron 2024 en prisión, con China siempre como la mayor cárcel de periodistas (el 23% de los encarcelados en todo el mundo), seguida de la Bielorrusia de Alexandr Lukashenko, el Irán del ayatolá Ali Jamenei y la Turquía de Recep Tayyip Erdogan. No están estadísticamente muertos, pero hay 84 periodistas desaparecidos, de los que uno de cada tres es mexicano.  

Este año 2024 es el que más elecciones celebra de la historia. Más de la mitad de la humanidad pasará por las urnas. Paradójicamente, los comicios, que suelen calificarse como una fiesta de la democracia, van habitualmente acompañados de mucha violencia, especialmente en los países donde la democracia no está muy consolidada. Este fenómeno se da particularmente en África, en varios de cuyos países se ha registrado un alarmante recrudecimiento: Nigeria y Congo al sur del Sahara, además de los países del Sahel regidos ahora por juntas militares: Níger, Burkina Faso y Malí, y con síntomas inquietantes de que suceda lo mismo en Chad. 

Tampoco están al abrigo los periodistas en los países considerados democracias occidentales plenas. El informe de RSF destaca que “algunas formaciones políticas alimentan el odio y la desconfianza hacia los periodistas, insultándolos, desacreditándolos y amenazándolos, mientras que otros orquestan maniobras de control del ecosistema mediático, bien sea tomando posesión de los medios periodísticos o cooptando los privados mediante su adquisición parcial o total”. Ciertos partidos políticos desempeñan también a menudo el papel de correa de transmisión de las campañas de desinformación, e incluso no pocas veces son los instigadores mismos de esas campañas.   

La censura se ha intensificado de manera notable en la Europa del Este y en Asia Central. Se registra una asombrosa mimetización de los actos de represión de Rusia, ya sea en Bielorrusia, Georgia, Kirguistán o Azerbaiyán. A tenor de los informes, la influencia rusa se extiende hasta Serbia, donde los medios progubernamentales difunden propaganda rusa y las autoridades de Belgrado amenazan a los periodistas rusos que viven exilados allí. 

RSF establece todos los años una clasificación mundial, que este año encabezan Noruega, Dinamarca y Suecia como los países donde son más respetuosos con la libertad de información. En el otro extremo, Eritrea, Afganistán y Siria son los países donde tal libertad está más acogotada, además, claro está, de la hermética Corea del Norte. 

Aunque gran parte de las estadísticas solo recogen los datos de 2023, en la Conferencia de la UNESCO sobre la Libertad de Expresión celebrada en Chile, se han denunciado amenazas muy actuales como la nueva Ley contra el Fascismo de Venezuela, presentada por la vicepresidente Delcy Rodríguez, calificada como el paradigma de la arbitrariedad en la represión, y la ofensiva desencadenada en España contra lo que él califica como “pseudomedios”, por parte del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez.

A propósito del señalamiento explícito del director de El Debate, uno de tales “pseudomedios”, Bieto Rubido, la Asociación Mundial de Periódicos y Editores de Noticias (18.000 medios de 109 países), advierte de que “la tentación totalitaria es común a todo poder. No hay nada más fácil, ni más abyecto que esconder intenciones inquisitoriales detrás de una idea inicialmente honesta, como es procurar que la información que recibimos sea veraz y fiable”. 

Lo dicho: seguiremos informando, aunque cada vez oigamos más cerca el silbido de la balacera. Como decía la exposición de motivos de la proposición no de ley que el PSOE presentó hace unos meses en el Congreso, por supuesto no con las intenciones reprogramadas ahora por Pedro Sánchez, “sin libertad de prensa no hay democracia”. No se puede estar más de acuerdo.  

Artículo publicado originalmente en Atalayar

 

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