Europa no tiene quién le escriba, por Pedro González

Euronews

Artículo publicado en Ahora Semanal el 23 de Septiembre de 2016

Euronews, la primera televisión paneuropea, sufre ahora la indiferencia y la deserción de sus accionistas públicos, y baja la voz.

En 1992 Europa pintaba mucho en el mundo, seguramente mucho más que ahora. Sus dirigentes eran conscientes de que se estaba ventilando un determinado modelo de sociedad. Derrumbado el comunismo, solo quedaba elegir entre el capitalismo salvaje que los halcones de la economía norteamericana proyectaban al resto del mundo y los valores humanistas de una Europa que ponía la libertad y la igualdad por encima de la productividad y el beneficio a toda costa.

Acababa de concluir la primera Guerra del Golfo, de la que Estados Unidos impuso una única visión. Lo hizo a través de la CNN, la única cadena de televisión a la que la maquinaria militar y administrativa estadounidense permitió rodar libremente y distribuir a todos los demás medios las imágenes.

Los líderes europeos decidieron contrarrestar el monopolio estadounidense creando su propia cadena paneuropea de información. Hoy, con toda seguridad, aquella iniciativa no hubiera sido posible. Pero en la todavía incipiente Unión Europea se produjo una auténtica conjunción planetaria de dirigentes convencidos de que la UE carecería de un verdadero y decisivo poder si no contaba con grandes medios informativos que transmitieran, educaran y ahormaran los valores del denominado acervo comunitario.

El francés Jacques Delors al frente de la Comisión Europea; François Mitterrand, presidente de Francia; Bettino Craxi, jefe del gobierno italiano, y Felipe González, presidente del gobierno español —todos ellos socialistas—, impulsaron la creación de Euronews, la primera cadena paneuropea de información continua, y la segunda del mundo tras la CNN.

Las emisiones comenzaron el 1 de enero de 1993, coincidiendo con la entrada en vigor del mercado único europeo, el primer gran paso hacia la integración de un continente sacudido por más de dos mil años de guerras, las dos últimas tan mortíferas y letales que envolvieron en su tragedia a todos las regiones.

Sin embargo, el proyecto comenzó mal, evidenciando la profunda división entre el norte y el sur de Europa. Las gestiones de los dirigentes citados para que otros países de la Unión participaran en el proyecto recibieron dos reveses de talla. Reino Unido, conforme a su habitual querencia por la excepción, arguyó que ya tenía en marcha otra iniciativa (BBC World), y que no era cosa de meterse en una Euronews que no controlaba totalmente. El segundo niet fue aún más doloroso: Alemania, que había participado activamente en los preparativos para el lanzamiento de la cadena, decidió retirarse del accionariado cuando el consorcio fundacional de Euronews eligió la ciudad francesa de Lyon como sede, frente a las dos últimas finalistas que aspiraban a serlo, Múnich y Valencia.

Se conformó así un accionariado, articulado a través de las cadenas de televisión públicas nacionales de Francia, Italia, España y Suiza, con participaciones menores de Finlandia, Grecia, Chipre, Argelia, Egipto y posteriormente Portugal. Pese a la ausencia de británicos y germanos, y por razones obvias, los europeos del sur decidieron arrostrar los costes de la mayoritaria difusión de la programación en inglés y alemán.

Crear y ahormar conciencias

Euronews se convirtió desde el principio en el principal vector de la información institucional europea, pero también de todos aquellos acontecimientos que atañen a la vida diaria de los ciudadanos de la Unión. La cadena empezó a crear conciencia en sus telespectadores de que tan europea era, por ejemplo, la Giralda sevillana como la Torre Eiffel parisina, el castillo de Praga o la Puerta de Brandeburgo berlinesa.

A diferencia de las cadenas de televisión nacionales, que inciden siempre en los aspectos más afines, Euronews plasmó desde el principio una visión de conjunto. Algo que no gustaba a los gobiernos nacionales de muchos de los países accionistas, acostumbrados a la información que solía presentar a sus dirigentes como “vencedores” en las pugnas que supuestamente sostenían en Bruselas.

Cerca ya de cumplir su primer cuarto de siglo, Euronews es la primera cadena internacional de noticias por audiencia en el continente europeo (1,25%), por encima de BBC World (0,90%), CNN (0,83%) o DW (0,81%). Pero tanto su perfil como su accionariado han cambiado muy sustancialmente, hasta el punto de que, desde 2015, el accionista mayoritario es un multimillonario egipcio, Naguib Sawiris, que por apenas 35 millones de euros se hizo con el 53% del accionariado de la cadena.

Por un puñado de euros

Su adquisición a precio de ganga era, no obstante, un salvavidas tras la sucesiva desaparición de algunos de los grandes accionistas. El primero en salirse fue precisamente España. TVE contribuía al sostenimiento de Euronews mediante un contrato-programa de 2 millones de euros anuales, a cambio de poder utilizar libremente los espacios producidos por Euronews en todas sus cadenas, incluida TVE Internacional. Fue el entonces presidente de la Corporación RTVE, Luis Fernández, el que decidió tal abandono en 2009, tras esgrimir ante quienes le advertían del dislate qué significaba ausentar a España de tal cadena internacional de información, que él “era capaz de hacer mejores programas y difundir mucho mejor la actualidad española en el mundo”. El argumento, cierto en cuanto al idioma español, no se sostenía en la medida en que esa actualidad española en Euronews se difundía simultáneamente en hasta 13 idiomas.

La espita abierta por el ínclito Fernández sería seguida posteriormente por otros accionistas, como Francia e Italia, solo que estas con el matiz de seguir en el Consejo de Administración e incluyendo a otros países de fuera de la UE para cubrir las ampliaciones de capital. Así, la RTR de Rusia se convirtió en el tercer accionista de Euronews, con el 16,94%, y la Turquía de Recep Tayyip Erdogan en el cuarto, con el 15,7%.

El bastardo de Europa

En frase de Pedro Lasuén, uno de los más veteranos trabajadores de la cadena, “la falta de interés político de los dirigentes europeos ha convertido a Euronews en un hijo bastardo de Europa. Saben de su destreza, buen hacer e inteligencia, pero no lo quieren reconocer”.

Naguib Sawiris, su actual accionista mayoritario, 15º multimillonario árabe según la lista de Forbes, jura que no está en su intención modificar la línea editorial de Euronews, pero que, como en todos sus pingües negocios, ha venido “a ganar dinero”.

Para ello tal vez reduzca las emisiones de las 13 lenguas actuales a las 5 primigenias: inglés, francés, alemán, español e italiano. Posiblemente también reduzca drásticamente los casi mil empleados de la cadena (más de 600 de ellos, periodistas), y quizás no sean ya necesarios entonces los 34 satélites con que las emisiones de Euronews llegan a 293 millones de hogares en 150 países. La voz de Europa será, pues, un poco más tenue.

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