Felipe VI, ganándose el puesto día a día

Felipe VI, que hoy cumple 50 años, heredó la Corona pero enseguida se la ha tenido que ganar día a día con su propio esfuerzo. Y no le está siendo nada fácil, lo cual sin duda incrementa el mérito de la consolidación en el cargo que está consiguiendo. Tres años después de convertirse en Rey, tras una larga etapa de preparación para ese momento, su trabajo está respondiendo a las mayores expectativas, su capacidad para afrontar los retos que le van surgiendo va quedando probada y su imagen pública, consolidada.

Y no le ha sido ni le está siendo fácil. Aunque a veces se distorsione la figura de un Príncipe como si se tratase de un cuento de hadas, el hoy Felipe VI tuvo que emplearse muy en serio en su preparación, superar las reticencias a dejar de lado la tradición para formar una familia y aguardar con serenidad la espera a que la sucesión se desarrollase por su curso normal. La abdicación de su padre, don Juan Carlos I, no se produjo en el mejor momento para el proceso de restauración monárquica.

Antes al contrario: Don Juan Carlos abdicó en horas bajas para su propio prestigio personal, conseguido durante la Transición democrática, y, de rebote, para la Institución. La proclamación del nuevo Rey avivó durante meses las ideas republicanas y Felipe VI tuvo que afrontar con hechos, palabras y gestos la recuperación del sentimiento monárquico que nunca había estado bien afirmado en nuestra sociedad. Pero si los comienzos fueron difíciles, tampoco le fueron proclives los tiempos siguientes.

Durante estos tres año de Reinado, Felipe VI (nuestro presidente de Honor en la APE) tuvo que ejercer las funciones de Jefe del Estado en el ambiente de depresión creado por la crisis económica, enfrentar los avatares de una situación política compleja entre las dificultades para formar Gobierno, la irrupción en la vida pública del populismo de ideas republicanas y, por supuesto, el conflicto abierto en Cataluña frente al cual fue sin duda el primero en responder con valentía incrementando su presencia en aquella Comunidad y la atención a sus vicisitudes.

Tampoco hay que olvidar, al recordar las dificultades que le han salido al paso en su actuación, la complicada papeleta, de orden familiar pero también institucional, que supuso el escándalo y enjuiciamiento protagonizado por su cuñado, Iñaki Urdangarín, y su hermana, la infanta Cristina, a la que se hallaba muy unido desde la infanta. Sin duda le habrá resultado y resultará muy doloroso haber tenido que optar por el alejamiento familiar para evitar dañar la imagen de la Corona.

En todas estas situaciones, Felipe VI ha demostrado seriedad y firmeza sin abandonar nunca su talante cordial. Mientras tanto, rodeado de un equipo de colaboradores eficaces y entregados, el nuevo Rey se ha volcado en el silencio del trabajo cotidiano a modernizar la Institución y la gestión de la Casa Real y adaptarlas a los tiempos que corren. Las nuevas tecnologías al servicio del poder están entre sus preocupaciones. Pero sobre todo están la ejemplaridad administrativa y la trasparencia que ha impuesto a la gestión.

En el ámbito político, donde el Rey tiene sus competencias alejadas de la lucha partidaria, su influencia sin embargo está siendo oportuna y eficaz. Lo demostró con su discurso firme y claro de meses atrás sobre Cataluña, lo ratificó con el reciente y conciliador mensaje de Navidad y, en otro ámbito, recuperando la voz de España, tan alicaída últimamente en el panorama internacional, como hizo estos días pasados ante el Foro Económico de Davos (Suiza) donde sus reflexiones sobre el presente y el futuro fueron muy elogiadas.