María Verónica de Haro de San Mateo
Profesora Titular de la Universidad de Murcia
Rubricaba sus trabajos con los dos apellidos en vez de con el nombre de pila como homenaje a sus padres. Y era tan modesto que se habría sonrojado al leer los obituarios que los colegas de la prensa le han dedicado estos días resaltando sus coberturas de la Revolución de los Claveles o de la evacuación de Saigón, su legado como director de los Servicios Informativos de Televisión Española y Radio Nacional de España (antes de que la corporación se convirtiera en una marioneta del gobierno de turno) o su encomiable defensa de la profesión y de la libertad de expresión desde la Asociación de Periodistas Europeos, de cuya sección española era presidente desde 2006.
Forjó su mirada, ajena al ruido y las prisas, en La Nueva España de su querida Asturias, donde aprendió a contar el mundo con templanza. “Hacerme periodista en un periódico de provincias fue una suerte” solía decir a mis estudiantes de Historia del Periodismo, animándolos a enrolarse en medios locales. “¿Qué tal marcha mi querida Facultad? En cuanto mejore un poco, organizamos algo, profesora”, me decía últimamente. Sus charlas eran una master class inolvidable para cuantos las disfrutaron: “No os canséis de cuestionaros, ante cualquier cobertura informativa, si lo que queréis contar interesa a la gente”, les recomendaba. Conocer que comentábamos en clase sus colaboraciones para Vocento / La Verdad y que sus consejos eran apreciados por los jóvenes le reportaba enorme felicidad. Estos días se me hace un poco difícil hablarles de él en pasado y explicarles que su fallecimiento se produce a pocos meses del XXV aniversario de la Facultad de Comunicación y Documentación de la Universidad de Murcia, en cuya puesta en marcha participó de manera entusiasta.
En abril de 1997, la Junta Directiva de la Asociación de la Prensa de Murcia, presidida por Felipe J. Hernández, propuso al presidente Valcárcel la creación de una Facultad de Ciencias de la Información. Consciente de su potencial, el rector Monreal incluyó la propuesta en el plan estratégico de la UMU. Al año siguiente, Jesús de la Serna, presidente de la Federación de Asociaciones de Periodistas de España (y asiduo veraneante de Las Cuatro Plumas en la playa de El Hornillo) proponía al rector Ballesta celebrar unos “Encuentros de periodismo en el Mediterráneo” y la conveniencia de promover cursos de doctorado del ramo que ya contaban con el especial patrocinio de Alfonso Escámez, presidente del Banco Central y del Consejo Social de la Universidad Complutense de Madrid, siempre generoso con los proyectos que favorecieran el progreso de nuestra tierra.
La creación del área de conocimiento de Comunicación Audiovisual y Publicidad en el departamento de “Información y Documentación” de la Universidad de Murcia, para la docencia de una asignatura de la Licenciatura de Documentación, en el curso 2001/2002, posibilitó el engranaje académico del que nació el “Máster en Periodismo y Comunicación Audiovisual” codirigido entre Diego Carcedo y el profesor José Vicente Rodríguez. En julio de 2001, el Consejo Interuniversitario aprobaba también los segundos ciclos de las licenciaturas de Periodismo y Publicidad y Relaciones Públicas que comenzaron a impartirse en 2002. Y el edificio que albergaba las nuevas titulaciones pasó a denominarse Facultad de Comunicación y Documentación en 2003. Los anhelados ciclos formativos de cuatro años llegaron con el Plan Bolonia y el Espacio Europeo de Educación Superior en 2010/2011, cuando nació ex novo el grado de Comunicación Audiovisual, al que en los últimos años hemos sumado el grado bilingüe de Comunicación y Estudios de Medios.
Del éxito de todos ellos se sentía orgulloso Diego Carcedo. Adoraba venir a Murcia y le ilusionaba poder regresar, acompañado de Cristina, para conocer el renovado Palacio de Floridablanca. Allí se alojó la última vez que nos visitó, coincidiendo con el último servicio del hotel Arco de San Juan. Olvidaron despertarle y perdió el tren de regreso a Madrid. “Imaginarían que deseaba quedarme más tiempo en Murcia, donde me tratáis tan bien”, recordaba divertido.
Gracias por todo, maestro.




