Diego Carcedo sin arrogancia, por Miguel Ángel Aguilar

Diego Carcedo (Cangas de Onís, 24 de marzo de 1940 – Madrid, 5 de abril de 2026) nunca se incapacitó entregándose a la arrogancia del desapego, ni cayó en la trampa de demostrar que había hecho lo suficiente limitándose a probar que los demás hicieron menos, ni jaleó a los poderosos para que agredieran a los desvalidos en situaciones cotidianas, ni criticó a las víctimas por no ser lo bastante fuertes, ni las impulsó, como señalaba Milan Kundera, a la búsqueda incansable de su culpa. Cumplió como periodista, oficio en el que fue evaluado por su mérito y capacidad. Pegado al terreno supo bien por propia experiencia las interrelaciones que guardan la presse, le pouvoir et l’argent antes de que las explicara Jean Schwoebel, fundador de la sociedad de redactores de Le Monde.

Cuando aplaudir al régimen era un deporte bien remunerado, que encaminaba a la prosperidad, se abstuvo de practicarlo. Renunció al ventajismo y prefirió aplicarse el adagio per aspera ad astra. Se abrió camino buscando los puestos, las misiones, de mayor riesgo y fatiga como se ha recordado estos días. Disfrutó y padeció bajo los puentes dejando constancia de la historia que pasaba. Inclinado a la izquierda nunca apuntó maneras ni actitudes sectarias y si alguna vez los afines le propinaron algún cargo relevante, enseguida su falta de calor en el elogio le malquistó con quienes solo entienden de adhesiones inquebrantables para quienes «toda crítica es excesiva y todo elogio, insuficiente» como indicaba la leyenda que acompañaba la inolvidables viñeta de El Roto.

Entendía que el concepto de amistad podía ayudar a la creación de un nuevo vínculo político entre las personas, tal y como lo hizo en su momento el concepto de ciudadanía, en línea con lo que escribe Ece Temelkuran en su libro La nación de los extraños. Y estaba advertido de que el golpe más certero, el que de verdad te rompe, no viene del otro lado, viene de quienes creías los tuyos, de quienes pensabas que estaban contigo. Nunca formó parte de las clases pasivas y prestó servicios de primer orden en la presidencia de la Sección Española de la Asociación de Periodistas EuropeosSiempre «por Europa y las libertades». Compromisos que intentaremos seguir honrando en su memoria. Sea.

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