Andrés Rábago "El Roto" delante de su obra

El cuadrilátero de Chumy y El Roto, por Javier Martín Domínguez

La batalla de la libertad de expresión a través de sus viñetas

“El sol sale para todos” reza el cartel de un ultramarinos de los madriles (reconvertido ya en chino de a cien), como si fuese la frase motriz del legendario Chumy Chumez, que pintaba en cada viñeta un astro negro y redondo, bien repleto de potencias. Un sol omnipresente que iluminaba a los pobres y quemaban a los poderosos. El dibujante desafiaba con luz el oscurantismo de la dictadura.  Todos sus días tenían el sol de Chumy en la Página tres de los editoriales. Mientras pudo salir al quiosco el diario Madrid democrático, Chumy regaba su pequeña parcela de papel en la que siempre brillaba el sol.

Tiene la sana costumbre la prensa española de dejar un cachito de página editorial sin letras, sin renglones sesudos. Se lo arrienda habitualmente a un artista que guste del trazo grueso o de la línea afilada. Quizás sea la esquina más agradecida del periódico o quizá la más compleja de labrar. Comentar la actualidad con un dibujo, una ilustración, una imagen acompañada de bocadillo (vale el de chorizo, tambien el de sardinas de Carpanta) es tarea reservada a los genios. Porque solo un artista puede hacer esa foto-minuto del día con un lápiz y mucha imaginación.

Chumy era el labriego del espacio en blanco del diario Madrid. Venia de San Sebastián, dejando atrás un pasado como de contable gris, y abrió vetas de gran inspiración en la criticas a los poderes establecidos. Pintaba hombres de caras horribles o gente perpleja o pobretones solemnes…al lado de su sol negro. Les daba frase, como en los guiones de cine, y se retrataban solos con la tontería de la solemnidad. Tenía predilección por los más ricos taponados con chistera, que decían memeces de altura. Y por los afligidos tocados con boina y andares encorvados. “Se prohíbe terminantemente todo lo que no es obligatorio”. Un resumen claro de la dictadura a la que Chumy combatía, cual paciente labriego, con su sol cada día.

Apareció un día a su lado un chico callado de buenos modales y mirada filosófica y decidido darle la alternativa en Madrid, donde se quedó. Andrés Rábago se escondía bajo el signo de OPS, aunque ha terminado haciendo agujeros al poder con el más comprensible (¿) apodo de El Roto. Sin parecer que rompía unos platos, Andrés se metió en el cuadrilátero libre de la página de opinión y empezó a soltar guantazos blancos contra esos mismos poderes que -en dictadura o en democracia –lo taponan todo. El Roto es un chico con canas que atiende (o da) la clase filosofía con un lapicero afilado en la mano y toma apuntes del natural que terminan siendo editoriales para enmarcar. 

Tan finas e irónicas o tan fuertes y claras eran sus críticas pintadas- las de aquel joven OPS y las del maestro Chumy -, que al final se quedaron sin parcela. No hubo mas periódico. Todo el diario Madrid quedo hecho un solar. No eran tiempos ni para la lírica, ni para la épica, ni para la ilustración intencionada… Voló el diario Madrid por los aires, pero la atmósfera del derrumbe sigue impregnando los olores de la democrático. Hubo que buscar otros predios donde sembrar dibujos y letras.

El gran Chumy se nos fue y el gran Roto sigue su estela, a su manera, con su propio estilo. Tiene un dibujo más técnico, y una frase igual de depurada. Ambos son de la estirpe goyesca, que no les arredra sacar el lápiz y clavarlo en la testuz mas poderosa.  Con el aniversario vivo de los 50 años del cierre del diario Madrid, se ha editado un libro sorprendente con las viñetas de uno y otro, de El Roto y de Chumy Chumez, que tanto montan en el tiempo y en la crítica a la situación. 

Gracias a ellos el llamado- felizmente para la profesión -periodismo gráfico ha alcanzado unas cotas de libertad, fuerza, estilo e influencia que ya quisieran otros editoriales de noventa líneas. Con su ironía y su denuncia, llenan esa parcela vacía de la página editorial que nos permite aprender a ser más libre, a soñar más lejos y a creer que la prensa es de verdad la que le pone frito al poder. Dice un malencarao pintado por Chumy. “Los derechos humanos son tres. Ver, oír y callar”.  Añadamos que con el derecho a “dibujar” basta para sabotear el pensamiento único. 

Junto al libro editado, se ha organizado una exposición con viñetas de Chumy Chumez y El Roto en la Fundación Carlos de Amberes en Madrid.

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