Sol Gallego-Díaz (Madrid, 1951 – 6 de mayo de 2026) ha sido una de las voces más influyentes del periodismo español de las últimas décadas, con una trayectoria estrechamente ligada a la consolidación del periodismo político e internacional en la prensa de referencia.
Licenciada en Periodismo, inició su carrera profesional en un contexto de profunda transformación de los medios en España y desarrolló la mayor parte de su trayectoria en el diario El País, donde ocupó distintas responsabilidades editoriales y de dirección. Fue una de las periodistas clave en la configuración de la redacción de internacional y en el impulso de una cobertura rigurosa de los grandes procesos políticos europeos y globales, contribuyendo a situar la información internacional en el centro del debate público español.
A lo largo de su carrera, combinó la labor informativa con una clara vocación analítica, destacando por su independencia, su exigencia profesional y su capacidad para contextualizar los acontecimientos en clave europea. Su trabajo estuvo marcado por una defensa constante del periodismo como servicio público y por una atención sostenida a los cambios políticos, institucionales y sociales del proyecto europeo.
Su trayectoria fue reconocida con numerosos galardones y distinciones. Entre ellos, la Asociación de Periodistas Europeos le concedió el XXIV Premio de Periodismo «Francisco Cerecedo» en el año 2007, así como el XI Premio de Periodismo Europeo «Salvador de Madariaga» en 2005, en reconocimiento a su contribución al análisis y la divulgación de los asuntos europeos, así como a su compromiso con la calidad informativa.
Su relación con la Asociación se inscribe en un recorrido profesional ampliamente vinculado al debate europeo y a la reflexión sobre el papel de los medios en las democracias contemporáneas. En este in memoriam se incorpora, además, su discurso de aceptación del Premio Cerecedo, como testimonio de su legado profesional y de su visión del periodismo.

PALABRAS DE SOLEDAD GALLEGO-DÍAZ AL RECOGER EL XXIV PREMIO «CERECEDO»
Muchas gracias altezas, muchas gracias queridos compañeros y compañeras, por estar hoy aquí acompañándome en la entrega de este premio.
Quienes me conocen saben que el premio Cuco Cerecedo, tiene para mi un valor muy especial, primero por que lo conceden profesionales del periodismo, compañeros, que saben perfectamente que trabajo hago, como lo hago y cuanto tiempo llevo en ello. Se agradece mucho dejar de ser transparente durante algunos momentos, un defecto que padecemos todas las mujeres periodistas en este país. Lo valoro también, porque conocí y admiré a Francisco Cerecedo, cuya memoria estamos honrando hoy aquí.
Voy a aprovechar que les tengo aquí a todos sentados, obligatoriamente sentados y escuchándome, para hacer una reivindicación y un elogio de mi oficio, de nuestro oficio, el periodismo. No está de moda, ya lo sé hacer una defensa de esta profesión, muchos afirman que está fatalmente degradada que es un oficio cuya edad de oro ya pasó, que ahora atraviesa una etapa exangüe antes de ser definitivamente enterrada. Que el periodismo ha quedado engullido dentro de una cosa que se llama comunicación, que utiliza nuevos soportes y que es un concepto mucho más moderno, más amplio y sugerente. Yo no estoy de acuerdo en absoluto. Y además creo que esa versión, ese empeño en desprestigiar el periodismo forma parte del descrédito general, al que se somete hoy en todo el mundo a los elementos básicos de la democracia. Es cierto que hay una enorme proliferación de nuevos medios y de nuevos instrumentos de comunicación. ¡Bienvenidos sean! Es tan grande un mundo fascinante lleno de posibilidades, son instrumentos que cambiaran nuestra vida de manera formidable y que debemos acoger con entusiasmo, pero desde mi punto de vista, la mayoría de esos mecanismos, no tienen nada que ver con el periodismo ni son capaces de sustituirlo sencillamente por que no tienen su mismo objetivo El propósito del periodismo consiste en proporcionar al ciudadano la información que necesita para ser libre y capaz de gobernarse a sí mismo. No lo digo yo, lo dicen dos periodistas norteamericanos, que son unos grandes analistas de medios de comunicación Bill Kovach y Tom Rosentiel. El periodismo ofrece algo único a una sociedad: información independiente, veraz, exacta y ecuánime, que todo ciudadano necesita para ser ciudadano. Eso no tiene nada ver con los mecanismos o los nuevos soportes de comunicación. Hay mucha confusión entre el medio y los objetivos y deberíamos ayudar a despejarla. La información no es simplemente el relato de hechos y de experiencias, la información son hechos dentro de un marco de interpretación y sin ese marco que solo ofrece el periodismo, deja de tener sentido. Seguro que algunos de ustedes, dirán que también existe un periodismo amarillo, mentiroso y manipulador, desde luego, pero si se toma en consideración el oficio en su conjunto se podría decir, como ya observo Alexis de Tocqueville, que el periodismo es básico, no tanto por los bienes que realiza sino por los males que impide, no hay termino medio entre la servidumbre y la libertad extrema para disfrutar de los inestimables beneficios de la libertad de prensa. Es necesario padecer los inevitables males que genera, lo cual no quiere decir que haya que permanecer paralizados ante esos males o que no deban ser denunciados. Les decía que el desprestigio del periodismo no es algo aislado, sino que forma parte de algo más complejo, que lleva finalmente al desprestigio de todo lo que tiene que ver con la calidad de la democracia. La democracia como el periodismo es un terreno de juego con unas normas, unas reglas y un procedimiento. Si se rompen, si se banalizan, si se ignoran, esas reglas deterioran su sentido y su futuro. Es curioso que durante las últimas décadas, el cine haya presentado fundamentalmente personajes de periodistas infames, corrompidos y manipuladores pero que cuando alguien como George Clooney, quiere hacer una defensa de la democracia haya tenido que recurrir a la biografía precisamente de un periodista Ed Murrow, con su “buenas noches, buena suerte” como defensor del interés público.

He dicho que estoy orgullosa de mi oficio pero también preocupada, creo que los seres humanos somos capaces de cometer las mayores atrocidades y que las peores se cometen siempre en la oscuridad y sin testigos. El periodismo ayuda a combatir esas atrocidades con su extraordinaria función de testimonio. La voz del periodista, es la que da testimonio hasta el final de lo que ocurre, por encima de la instrumentalización de la democracia. Por eso es tan importante que los profesionales de este oficio, defendamos sus reglas y sus procedimientos. Justo porque se pretende desprestigiar a la democracia ignorando sus normas, es importante que el periodismo dé testimonio de ello, que ofrezca una información exacta a los ciudadanos para que estos puedan comprender y reaccionar. Por eso es tan importante que los periodistas defendamos que nuestro oficio no es la comunicación, sino la información entendida como noticias relevantes relacionadas con el bien y el interés público que defendamos. Que el periodismo, utilice el soporte que utilice tiene un objetivo, la existencia de ciudadanos informados capaces de decidir por si mismos que el periodismo es contrario a la propaganda y al maniqueísmo que se adueñan cada día más de nuestra sociedad.
Sinceramente si nos creemos lo que nos dicen sobre el negro futuro de nuestro oficio, estaremos haciendo lo que se espera de nosotros, que de puro miedo a morirnos nos terminemos suicidando. Si aceptamos que la información es parte del espectáculo, colaboraremos en el desprestigio, no solo del periodismo sino de la democracia.
Muchas gracias.




