Operación Kabul: los españoles que rescatan a familias afganas, por Ana Alonso

Un grupo de ex trabajadores de la AECID se han organizado para poner a salvo a sus compañeros afganos y aún siguen pendientes de los que no han podido aún ser evacuados

Artículo publicado por Ana Alonso en El Independiente el 6 de septiembre de 2021.

Afganistán les dejó huella. Los españoles que han pasado por el país asiático que acaba de caer en poder de los talibanes coinciden en su admiración por los afganos, curtidos en el arte de la supervivencia. Es el caso de Ignacio, Clara, Alejandra, AV y muchos de quienes trabajaron en la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID) en los siete años en los que se hizo cargo del Equipo de Reconstrucción Provincial (PRT) de Qala-i-Now en la provincia de Badghis, de proyectos relacionados con la educación, la salud, el agua y saneamiento, el género o agricultura. Ahora que sus colegas afganos se veían en dificultades se han puesto manos a la obra para ayudarlos.

Desde julio pasado muchos españoles que estuvieron en Qala-i-Now con la AECID recibieron mensajes de sus antiguos compañeros afganos. Estaban muy preocupados por el imparable avance de los talibanes y la inminente salida de las tropas internacionales. «Tenían miedo, terror, ante el avance talibán en todo el país», cuenta Ignacio Álvaro, ingeniero industrial, que fue coordinador de proyectos entre 2007 y 2010.

A principios de agosto 26 españoles que habían trabajado en Afganistán para la AECID o Tragsa crearon un grupo de WhatsApp y así empezaron a elaborar un listado de personas que habían colaborado en estos proyectos. Enviaron el primer listado a la embajada en Kabul. Después la AECID se puso en contacto con el grupo y así fueron actualizando el listado de trabajadores.

«Llegamos a identificar a 190 ex empleados con sus familias, aunque el número sigue creciendo. De esas familias creemos que se enviaron salvoconductos a unas 150 o 160 por parte del Ministerio de Exteriores», relata Ignacio Álvaro. A los que tenían papeles les aconsejaron trasladarse a Kabul desde la provincia de Badghis. Estaba en marcha la Operación Kabul.

En la siguiente fase el grupo se redujo para ser más operativo. A Ignacio se unieron Clara Reglero, Alejandra Bustos y AV, que prefiere no ser identificada. Ellas tres se conocen pero Ignacio solo ha coincidido con Alejandra. No es el afán de protagonismo lo que les guía. Toda la labor que han hecho y la que siguen acometiendo tiene el objetivo de que no nos olvidemos de quienes han quedado atrás.

Pendientes las 24 horas

Los cuatro estuvieron en contacto con un centenar de ex trabajadores de la cooperación española durante unas jornadas críticas, justo cuando esperaban a ser evacuados. Su labor ha sido clave porque servían de enlace. Unos lograron salir, otros muchos no. «Fueron días muy intensos desde el viernes 20 de agosto hasta el jueves 26, cuando se cerró el acceso tras el atentado ante la Abbey Gate. Durante esos días pudimos sentir la terrible y trágica experiencia de esas familias desesperadas que tenían que pasar horas en el canal de aguas residuales. Algunos tuvieron que desistir porque sus hijos habían enfermado o temían por sus mujeres embarazadas», cuenta Ignacio.

Organizaron turnos para estar pendientes las 24 horas. Al otro lado, las familias necesitaban continuamente una voz amiga que les orientara o les consolara. «Casi no lográbamos dormir. La intensidad de la tragedia que transmitían y las ganas de intentar su entrada nos mantuvieron en tensión día y noche», añade el ingeniero.

Alejandra Bustos, médico, que estuvo en Qala-i-Now entre 2011 y 2012, recuerda cómo un día recibió una llamada angustiada de un enfermero afgano con quien había trabado amistad. Habían conseguido un salvoconducto para su madre y sus hermanos veinteañeros. El enfermero logró salir de Afganistán hace años y vive en Estados Unidos. Cuando ya estaban a pie de escalerilla, les negaban el paso porque el que había sido colaborador del proyecto español no estaba allí. Alejandra logró que el hermano del enfermero le pusiera al habla con una de las personas que decidía quién pasaba y quién no. Le explicó la situación y les dejó pasar. Ahora están a salvo en Soria.

«Fueron unos minutos muy estresantes. Afortunadamente ese caso salió bien. Mi amigo quiere venir a por ellos para que vivan con él en Estados Unidos», explica Alejandra, que fue coordinadora del programa de salud en Qala-i-Now, y ahora viaja con frecuencia a Mozambique, desde donde nos habla. Trabaja en proyectos de consultoría sanitaria.

También se alegró mucho cuando supo que el doctor Sadik, que ya había intentado venir hace un par de años, había logrado entrar en el avión. «Cuando le dijeron que iba a instalarse en Soria, él entendió Siria y al principio no entendía nada», cuenta la doctora.

«Estoy dentro, estoy dentro»

AV, ingeniera agrónoma, ha visto cómo uno de sus colaboradores más estrechos sí ha podido venir a España. Fue quien conocía el proyecto que ella tenía que coordinar y congeniaron muy bien. «Recuerdo cuando me puso el mensaje en el que me confirmaba que ya estaba dentro del aeropuerto. ‘Estoy dentro, estoy dentro’. Antes su hijo había entrado en crisis y se lo había pasado a un militar. Pudo entrar con sus cuatro hijos, y una hermana soltera, pero su hermano se quedó fuera. Era agotador porque nos repetían: ‘Vamos a morir’», señala AV, que sigue en contacto con los que ya están en España.

La hija de esta ingeniera, de seis años, ha observado con curiosidad todo el proceso. «Ha vivido mi angustia. Me decía: ‘Ayúdalos’. Luego temía que hubiera guerra en España. Creía que algo así pudiera pasar en España».

Ignacio Álvaro también está al tanto de cómo van aquellos con quienes fueron sus colegas. Es el caso de Sardar. Con Sardar y su familia se ha reencontrado este viernes en La Coruña, donde se ha establecido su antiguo asistente. Cuenta con el apoyo del Ministerio de Trabajo, Migraciones y Seguridad Social a través de Accem para este nuevo comienzo.

Reencuentro en Galicia

Sardar trabajó para la AECID entre 2006 y 2013. Era el enlace con las autoridades de la provincia. Prueba de que estaba marcado para los talibanes es que sufrió un secuestro en 2018. Los talibanes le capturaron y estaban dispuestos a matarlo. No lo hicieron porque comprobaron que había trabajado con civiles, no con militares, y porque su padre vendió su casa para pagar por su liberación.

«Pedí a Ignacio que me ayudara a salir hace tiempo pero no era fácil. Recibí con esperanza el anuncio de que el gobierno español iba a evacuar a quienes habían colaborado con sus misiones militares o proyectos civiles. A mediados de agosto me fui a Kabul y estuve cuatro o cinco noches. Iba con mi esposa y mis tres hijos varones. El mayor tiene 12 años. Recibí un correo de Ignacio para que fuera al aeropuerto. Éramos 41 personas y pudimos salir. Estoy muy agradecido al gobierno español. Nunca me olvidaré de lo que han hecho por nosotros, especialmente los colegas de la AECID», cuenta Sardar, de 38 años.

Está aprendiendo español y sus hijos pronto se incorporarán a la escuela. Sardar quiere ser soldador cuando pueda empezar a trabajar. Su vida cambió el 22 de agosto cuando por fin aterrizó en España. «No sé lo que habría sido de mi vida si hubiera tenido que permanecer en Afganistán. Los talibanes te amenazan y te obligan a obedecerlos. Mi esposa Amida está especialmente contenta porque aquí puede salir a la calle sin temor», cuenta Sardar desde su nuevo hogar en La Coruña. «Aquí no me siento extraño», confiesa. Sus padres se han quedado en Afganistán, pero tranquilos de ver que Sardar puede empezar de nuevo en España.

Los que se han quedado atrás

No todos los casos terminan tan bien. El director del hospital de Kabul cuando estuvo Alejandra Bustos allí a cargo del proyecto sanitario quiso dejar el país. Los talibanes ya lo habían destituido cuando cayó Qala-i-Now. «Los mensajes son angustiantes. Detrás de ellos, están personas que conoces bien, colegas y a veces amigos. Está pensando salir por Pakistán o Uzbekistán».

Clara Reguero, trabajadora social, especializada en cooperación y migración, estuvo a cargo de proyectos de género entre 2010 y 2013. Recuerda cómo fue una gran ayuda contar con la colaboración de Najiba Faiz, una mujer que era muy respetada por la comunidad. Ahora Najiba está en Zaragoza con su familia pero mantiene el contacto con muchos de los que se han quedado.

«Han sido unos días que parecían como si estuvieras viviendo en un thriller. Cuando parecía que todo iba bien y tenían salvoconductos, todo se torció para muchos. No podemos olvidarnos de quienes siguen allí. Su situación económica es penosa. Ya no pueden pagarse más noches en Kabul pero tampoco pueden volver con tranquilidad. Tienen miedo a una guerra civil», explica Clara, desde Francia donde vive ahora.

Finalmente el grupo vinculado a la AECID ha logrado facilitar la salida de Afganistán a 36 familias, unas 165 personas. Según sus registros, en Kabul, o ya de vuelta a la provincia de Bagdhis, habría otras 90 familias, unas 550 personas que han colaborado con proyectos españoles y quieren salir de Afganistán por sentirse en peligro.

Ignacio, Clara, Alejandra y AV no han terminado su misión. «Es muy gratificante ver a las familias que han podido llegar a España, pero nos entristece pensar en todos los que aún quedan en Afganistán. Confiamos en que el gobierno español cumpla su palabra y no los deje atrás», concluye Ignacio, mientras ve cómo los niños de Sardar juegan en el parque.

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