Autoridades;
Benvolgut alcalde,
Galardonados, miembros de la APE, miembros del jurado, señoras y señores,
Molt bona tarda a tothom, sigueu benvinguts a Cervera.
Buenas tardes a todos.
Es un placer participar hoy en esta nueva edición del Premio Salvador de Madariaga.
Y ello al menos por tres razones:
En primer lugar, porque hoy reconocemos tres trayectorias de periodistas que además de su enorme profesionalidad tienen al menos otra cosa en común: una visión europea de la realidad, del mundo que nos ha tocado vivir.

En segundo lugar, porque vuestra invitación me da la oportunidad de volver a poner los pies en el Paraninfo de la Universidad de Cervera. Una joya del barroco que nos recuerda la complejidad de nuestra historia, pero también la capacidad que tenemos de transformar espacios y dotarlos de nuevos significados.
Un lugar nacido en un momento de uniformización es hoy escenario de un acto que transpira pluralismo y libertad; los valores que defiende el periodismo que hoy celebramos y que van tan estrechamente unidos a nuestra condición de ciudadanos de la Unión europea.
Y una tercera razón, más personal, por mi vinculación casi emocional al Premio Salvador de Madariaga y a lo que representa, ligada a mi anterior larga etapa como responsable de la política de comunicación del Parlamento.
El Madariaga nos permite, año tras año, renovar un triple compromiso: con Europa, con sus valores democráticos y con un periodismo riguroso y valiente. Durante muchos años este acto de fe en Europa, en la democracia y en el periodismo era seguramente algo casi rutinario, una especie de obligación protocolaria. Hoy en cambio, es un gesto valiente, necesario y útil, en defensa de nuestro modelo de sociedad y de convivencia.
Desde el ya lejano 1995 el Premio Salvador de Madariaga se ha consolidado como un acto de reconocimiento relevante a quienes, desde el ejercicio del periodismo se dedican precisamente a ello. A quienes con su palabra escrita o con su voz contribuyen a fortalecer y enriquecer el debate democrático y a acercar el ámbito europeo de decisiones a la ciudadanía.
Todos sabemos quién fue Madariaga: diplomático y escritor, que dedicó su vida a promover el entendimiento entre europeos y a impulsar la idea de una Europa unida, especialmente a partir del congreso de la Haya y de la puesta en marcha del Consejo de Europa. Y me atrevo a decir que también sabemos lo que nos estaría pidiendo que hiciéramos hoy, en el 2026, para hacer frente con éxito a los innumerables retos que se acumulan frente a nuestra puerta.
En este sentido, los premiados de esta edición encajan perfectamente con la voluntad de Madariaga y del premio.
- En radio, Rubén Amón aporta una mirada analítica y culta que conecta la actualidad con los grandes debates europeos.
- En televisión, Ángeles Blanco explica la complejidad de una Europa en transformación de una forma accesible.
- Y en prensa escrita, María Paz López nos acerca la dimensión humana, cultural e histórica del proyecto europeo desde la experiencia vivida.
Tres trayectorias distintas, pero un mismo hilo conductor: la convicción de que explicar Europa con profundidad, honestidad y vocación de servicio no solo puede ser interesante y útil, incluso entretenido, sino que además es esencial para conseguir una ciudadanía mejor informada, sin la cual la calidad de nuestra democracia se resiente inexorablemente.
Hoy, en un contexto marcado por la desinformación, la polarización y la creciente desafección política, es esencial reconocer el periodismo veraz como pilar de la democracia; capaz de generar confianza pública y de articular un espacio de debate basado en hechos y en opiniones formadas y fundamentadas.
Professionals com els tres premiats són garants d’una ciutadania lliure i ben informada, amb independència de criteri i amb esperit crític. En un temps en què les notícies falses circulen a la velocitat de la llum i en què la manipulació informativa pot erosionar la confiança democràtica, això és necessari per preservar la salut del sistema.
En aquest sentit, és rellevant reivindicar la figura de Salvador de Madariaga. Opositor de la dictadura franquista i exiliat per les seves conviccions, va denunciar els totalitarismes del seu temps i va treballar incansablement per una Europa fundada en la pau, la cooperació i el respecte a la dignitat humana.
El llegat europeista i humanista de qui va ser el primer president del Consell Espanyol del Moviment Europeu i un dels pares del Col·legi d’Europa a Bruges, continua sent avui una referència imprescindible en un moment de desgast del sistema de normes que coneixíem fins ara i que posa a prova la qualitat de les nostres democràcies.
El 8 de juny del 1962, Madariaga va pronunciar un discurs en el Congrés del Moviment Europeu celebrat a Munich. Cito directament:
“Mucho se ha hablado aquí del Mercado Común y del precio del carbón y del acero. No seré yo quien niegue su importancia. Pero Europa no es sólo eso. Europa no es sólo un mercado común y el precio del carbón y del acero; es también y sobre todo una fe común y el precio del hombre y de la libertad”.
Més de 60 anys després, aquestes paraules mantenen la vigència. Europa no pot ser nomes un mercat. No tant sols una potencia econòmica, que també. És fonamentalment una manera de ser, de conviure, d’entendre la nostra existència i les nostres relacions amb el món.
Per això, el Govern de Catalunya alinea les seves prioritats amb les europees. Europa és el nostre marc geopolític natural i volem influir-hi. No volem der part del problema, volem ser part de les solucions.
Madariaga va defensar en el Congrés d’Europa de la Haia, l’any 1948 que, per aconseguir una integració política o econòmica completa, s’ha de crear prèviament una consciència europea. Entesa com la capacitat de pensar els problemes d’Europa sense tenir en compte les fronteres que divideixen els estats; convertint els problemes en reptes comuns.
No estic segur que hàgim aconseguit aquest objectiu. Sí que crec, en canvi, que moltes vegades són les societats les que van per davant dels seus governants. I aquest segurament és un cas. Si fem cas de les enquestes, el nivell d’europeisme de la gent no deixa d’augmentar a mida que es complica el món. Cal, doncs, que dels dirigents europeus transformin aquest sentiment en avenços concrets.
A casa nostra, l’adhesió d’Espanya -i per tant de Catalunya- a la Unió Europea ara fa 40 anys ha significat progrés, estabilitat i oportunitats. La gent ho reconeix, però al mateix temps ens exigeix respostes als nous reptes, múltiples i difícils. Aquesta ha de ser la principal prioritat de qualsevol governant que busqui mantenir i millorar el model de societat que ens identifica com a europeus.
Entidades como la otorgante de este premio, la APE, ayudan a que la sociedad sea consciente de las virtudes de Europa. Acerquemos el proyecto a la ciudadanía, para reforzar el sentimiento de pertenencia. Por ello, quiero dirigirle también unas palabras de reconocimiento, por su compromiso con la defensa de las libertades y los valores democráticos. Y por vincular directamente, desde sus inicios, la libertad de información como condición indispensable de una integración europea sobre bases democráticas.
Para terminar, me dirijo de nuevo a los tres premiados para haceros llegar un agradecimiento sincero por vuestro trabajo periodístico, que también es una forma de servicio público. En un momento en que Europa se juega su cohesión, es necesario dar sentido práctico a los razonamientos de Madariaga y mantener aquella ‘fe común’ de la que hablaba.
Moltes gràcies.




